Richard Serra una cuestión de ADN

Serra ha convertido el acero en un material blando, flexible, dúctil. Serra, el escultor de espacios, ha trascendido la forma, la figura, que para él se ha quedado vieja, trasnochada.

Richard Serra, ayer en Oviedo
Richard Serra, ayer en Oviedo

Como la peana o el marco de los cuadros. Son sedimentos, residuos de otras épocas, de otros momentos. «El movimiento más importante del siglo XX fue la eliminación del pedestal para que la escultura forme parte de la experiencia de los espectadores», dice. Su elección de una materia prima áspera, dura, que apenas transpira, que casi no respira, no le ha supuesto un impedimento para conseguir que sus obras de hierro dialoguen con el entorno. «El material es una opción individual. Lo importante es entender su lógica porque es la que determina el espacio, el tiempo. Uno de los aspectos que más me interesa es esa relación que se entabla entre el espacio y la materia. Me gusta que las personas que contemplan una obra tengan su propia experiencia», dice.

Lo que no supone ninguna opción es el impulso artístico que le ha conducido a la manipulación de las figuras: «La idea de la creatividad viene en el ADN. ¿Cómo puedes ser que una persona sienta ganas de tratar con lo que no es familiar y otra, en cambio, sólo quiera estar cerca de su entorno? Puede que sea cuestión neuronal que nos empuje a experimentar con lo que encontramos alrededor, a formular ideas. Pero si se me pregunta de dónde viene la inspiración, es difícil responder». 


Proyectos aparcados
El artista, que recibirá hoy el Príncipe de Asturias de las Artes, se mostró crítico con la deriva que se ha impuesto en el arte, marcado, condicionado, por las reglas que un mercado omnívoro del que se siente lejano, apartado, distante. «Volvemos a una situación convencional. La gente vuelve a moldear, al marco, a la figura. El arte se ha vuelto más convencional, en un valor de intercambio. Y eso se debe al mercado. El arte ya no se distingue de la moda». Serra, que ha reconocido que tiene planeados tres proyectos para el Prado, también admite que no es el momento: «No existen muchas posibilidades económicas. La crisis nos ha afectado a todos. Es una realidad. La economía determina hasta el material, lo que se puede hacer y lo que se puede realizar. Espero que los jóvenes tengan ideas independientes de la materia. Es lo más importante».