Los galos por Alfonso Ussía

La Razón
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Me aburre escribir de Garzón. Lo han hecho por mí, por usted, por el de más allá y por sus propios incondicionales siete magistrados del Tribunal Supremo. Leída la sentencia, ¿qué más se puede decir? Me inclino por comentar, sin ánimo de trascendencia de Patria herida, los vídeos emitidos en Canal-Plus de Francia contra los deportistas españoles. Ahí ha acertado plenamente Pérez de Rubalcaba. «Es que los veranos en Francia son muy aburridos». Tomás Guasch, ese talento descomunal al servicio del periodismo deportivo, con su sabiduría cachonda, ha apuntado que los dos primeros deportistas que se drogaron en la historia del Deporte, eran franceses. Asterix y Obelix. Los vídeos son realmente insultantes y brutalmente injustos. Por esta vez, la envidia no es española, sino francesa, y el gran embajador que Francia tiene en España, Bruno Delaye, ha intentado por todos los medios descalificar a los responsables de la ignominia y defender la limpieza del deporte español. El ministro de Cultura, que lo es también de Deportes, se ha referido a esos vídeos como xenófobos, y no va descaminado.

Clembuterol. Una sustancia tan peligrosa como su pronunciación. Por las circunstancias que fueran, en el cuerpo de Contador se halló una mínima presencia de esa cosa tan rara. Tan mínima que nadie ha dudado en afirmar que ninguna repercusión positiva podría proporcionarle en su rendimiento. Alberto Contador, en quien confío plenamente, tiene margen legal para el recurso.

No obstante, los franceses, que están hartos de ser derrotados allá donde vayan y en la especialidad deportiva que sea, han aprovechado la confusión del «caso Contador» para arremeter contra nuestros mejores deportistas. Rafael Nadal, que ha tenido que cambiarse de casa porque ya no le caben los trofeos de Rolland Garros. Iker Casillas, capitán y portero del Real Madrid y la Selección española, campeona de Europa y del Mundo. Pau Gasol, el mejor jugador de baloncesto que en España ha nacido, triunfador en la NBA y poseedor de dos anillitos, además de campeón del mundo y de Europa y medallista olímpico. El último gran triunfo francés en los deportes de masas fue la doble victoria de Renault en el Mundial de Fórmula Uno. Se olvidan de que el conductor de aquellos Renault se llama Fernando Alonso, es de Asturias y ahora sueña en Ferrari.

Los franceses adoran su «Tour», pero no lo catan desde hace décadas. Los franceses adoran su Rolland Garros, pero no lo huelen desde que le cortaron la cabeza a Maria Antonieta, más o menos. Los franceses no toleran que, y lo ha dicho Rafa Nadal, con medios mucho más limitados y modestos, el Deporte español le haya dado mil vueltas al francés, en estos últimos años. Suponiendo que la sanción a Contador sea efectiva definitivamente, ¿qué tienen que ver Casillas, Gasol, Rafa Nadal y demás genios de nuestro Deporte en tan desgraciado asunto? Nada. La envidia.

Por equipos, somos mejores que ellos. En las especialidades individuales, mucho mejores. Severiano Ballesteros es un héroe querido y adorado en todo el mundo del golf, aunque él ya no pueda recibir en su tumba de Pedreña el amor y la gratitud. Gracias a él, como el tenis con Santana, como el ciclismo con Bahamontes, Ocaña, Delgado, ¡Indurain! y compañía, como el automovilismo con Alonso, como el motociclismo con Angel Nieto –¿dónde están los franceses?–, nuestro deporte ha triunfado. Entiendo el abatimiento francés. Pero más porquerías, no. Je suis desolé.