A pecho descubierto

Los escotes se impusieron ayer en la alfombra roja de la 26 edición de los premios del cine español

Con escote al libre albedrío. Éste podría ser el mejor resumen de la XXVI alfombra roja de los Goya, a no ser por las contadas excepciones que pusieron la nota de color, la extravagancia y, por qué no, la falta de gusto para tal ocasión. Una vez más, esta pasarela previa a los premios del cine español se convirtió en una pugna entre los diseñadores en la que pesaron más las firmas internacionales que los creadores españoles, entre los que destacaron Hannibal Laguna, Lorenzo Caprile, Juanjo Oliva y Jesús del pozo. Enrique González Macho ejerció, por primera vez, de anfitrión y eligió para la ocasión y confesó su satisfacción por que Pedro Almodóvar «regrese por la puerta grande a la Academia».


En castellano
Al lado del presidente estuvo la vicepresidenta de la Academia, Judith Collel, que eligió un discreto vestido largo en tono negro de Menchén Tomás que combinó con una capa hasta los pies en color salmón. Marta Etura, que también se estrenaba en la cúpula de la casa, prefirió entrar en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid en solitario, sin González Macho ni su pareja, Luis Tosar. La actriz apostó por un discreto Gucci.

Una de las más puntuales en la alfombra roja fue Belén Rueda, que, espectacular como es costumbre, dejó de lado en esta ocasión a su diseñadora de cabecera, Carolina Herrera, para dejarse ver con un vestido con una pequeña cola de Pedro del Hierro realizado a medida –a pesar de que la idea era buena, la costura no fue correcta y mostraba arrugas donde no debía–, que combinó con una preciosa gargantilla de Carrera y Carrera. Joyas que también sirvieron de complemento para el Oscar de la Renta con gasas geométricas de Cayetana Guillén Cuervo en tono ceniza y palabra de honor, otra de las tónicas de la noche.

Gran ovación recibió a su entrada Miguel Ángel Silvestre, de riguroso negro y pajarita, que se mostró un tanto nervioso, quizá por la candidatura a mejor actriz revelación de su novia, Blanca Suárez, o porque tenía que bailar sobre el escenario y le preocupaba «que el suelo estuviera resbaladizo». Suárez apareció radiante en su primera noche en los Goya y eligió para su estreno un diseño de Blumarine, sobrio pero elegante. Carlos Saura acudió a la entrega de premios tras varios años alejado de ella y comentó que empezará a rodar en septiembre «Picasso» con Antonio Banderas, quien desató la euforia a su entrada en el auditorio. Fue el único que eligió una pajarita blanca, quizá para acompañar al toque de exotismo que protagonizó su esposa. Melanie Griffith, que tropezó al bajar del coche a las puertas del Palacio de Congreso, desentonó con un vestido de chaqueta, a modo de la bruja Maléfica, de cuya falda colgaban unas cuantas flores mustias. No quisó desvelar de quién era tan curioso diseño y tan solo matizó que lo compró en una tienda de Beverly Hills. «Mi español no es muy bueno, pero me gustaría trabajar en este país», aseguró la actriz, a quien su marido tuvo que traducirle varias de las preguntas que le hacían los periodistas a la entrada. «Habla castellano mejor de lo que parece», la disculpó entre sonrisas Banderas.

Pilar López de Ayala no acertó con su peinado –parecía que se acabada de levantar de la siesta– y no brilló como en ediciones anteriores por culpa de una creación de Nina Ricci. Por su parte, Goya Toledo, fiel a Elie Saab, desplegó todo su potencial con una túnica en tono nude que lucía una gran abertura, característica del diseñador libanés. La también nominada María León se paseó con un discreto y elegante Valentino, junto a su hermana en «La voz dormida», Inma Cuesta, una de las pocas que apostó por la moda española con Juanjo Oliva.


Brillos y flores
Aunque el escote fue la tónica general elegida por las actrices, algunas optaron por cuellos cerrados, como fue el caso de Leonor Watling, con una creación de Miriam Ocáriz. Bulgari hizo brillar a María Valverde, que combinó sus joyas con un Dior. Verónica Echegui fue de las pocas que se decantó por el blanco, un Gucci adornado con flores en la cintura, junto Ana Álvarez, que prefirió a Hervé Leger. La directora Iciar Bollaín paseó con un diseño estupendo de Caprile, y Ana Wagener se atrevió con pantalones. El diseño de Carolina Herrera que lució Manuela Velasco dejó con la boca abierta a los presentes, al igual que la reaparición de Silvia Abascal. La actriz eligió la gala de los Goya para regresar a la vida pública después del ictus que sufrió hace diez meses. «Estoy muy emocionada. No estoy recuperada del todo, pero poco a poco voy mejorando. Han sido muchos meses de duro trabajo y optimismo», afirmó. Bienvenida.


Palabra de honor que resiste
Salma Hayek optó por un escote con tirantes demasiado exagerado, Belén Rueda por uno palabra de honor con manga larga, María León llevó escote en forma de corazón, mientras que Inma Cuesta trató de disimularlo con trasparencias. Sin duda, el mejor de la noche fue el de Goya Toledo, que no arriesgó y repitió de Elie Saab.


Regreso a la altura
«POR SILVIA, LO QUE HAGA FALTA»

Se llevó la ovación más emotiva de la noche. Pero también el aplauso por su estilo perenne en la alfombra. Una vez más, de la mano de Lorenzo Caprile. «Ha sido un honor volverla a vestir en una ocasión tan importante», recordó ayer el modista mientras Silvia Abascal deslumbraba con un diseño cuyo tono se movía entre el rosa y el malva elaborado a partir de una base de crep de seda natural y bordado a mano. ¿Cuántas horas se han podido invertir en el vestido? «Muchísimas. Pero, por Silvia, lo que haga falta. Y después de todo el esfuerzo que ha hecho para salir adelante, se lo merece más aún», comenta Caprile.