«Lo imposible» el tsunami del cine español

Juan Antonio Bayona impresiona con una cinta sobre la catástrofe de Tailandia que cuenta con Ewan McGregor y Naomi Watts

Juan Antonio Bayona es un tipo menudo, bajito, aniñado, y hasta parece que sensato. Quizá por esto último logró la locura de reunir 30 millones de euros para una película española («aunque es mucho para una producción nacional, no era todo lo holgado que necesitábamos para un proyecto de este tipo», admite el director) y tal vez por eso también engatusó a dos estrellones de Hollywood para que la protagonizaran: Naomi Watts y Ewan McGregor, que anoche fue el actor más joven en recibir el premio Donostia en la historia del Festival de San Sebastián. La Prensa madrugó para ver la reproducción de la ola gigantesca que escupió el Océano Índico hacia Indonesia el 26 de diciembre de 2004 con fatales consecuencias. Y se impresionaron, sobre todo, porque no es fruto de los efectos digitales tan abundantes en los «blockbuster» que Hollywood nos regala.
Realismo «no digital»
Es una manera de hacer de la necesidad virtud: «El agua digital es cinco veces más cara y, además, no proporciona la misma idea de realismo. Además, llegamos a la conclusión de que una tragedia real no podía contarse con una película de efectos especiales», admite Bayona, que dedicó un año sólo a preparar esa secuencia en que el mar se come el hotel de lujo donde se alojan los protagonistas, un matrimonio anglosajón con tres hijos que reside en Tokio, y deciden pasar las Navidades en este paraíso. Para lograrlo se construyó un enorme decorado en Tailandia, que, según el equipo, tenía tales dimensiones que podía ser visto desde Google Earth. «A nivel técnico es muy exigente, pero me parece que ésta es la parte más juguetona del proyecto», remata el realizador. Sin embargo, no es este aspecto superficial el que conmociona del estreno más esperado del año «made in Spain». Bayona filma toda una gama de sensaciones que golpean y confunden a los supervivientes de este tipo de tragedias, condensadas en esta familia. Y que es fruto no solo de un buen trabajo de guión, sino también de meses de documentación y entrevistas con los personajes reales en los que se inspiraron.
«La película es un viaje emocional y no intelectual porque los personajes no tienen tiempo de pararse a pensar; sin embargo, nosotros intelectualizamos mucho sus reacciones», describe. Supone, además, «una reflexión sobre los privilegios», apostilla, pues su destino no fue el mismo que el de muchas familias locales. También resultó complicado convencer a los protagonistas del filme de que se fiaran de un español que solo había hecho un taquillazo. Y más teniendo en cuenta que el nivel de inglés con el que contaba Bayona al arranque era el de «un niño de diez años», según él mismo reconoce. Aún recuerda el tenso momento de entrevistarse con ellos, guión en mano, para darles argumentos para que se sumaran al proyecto, la principal baza para tener una distribución internacional, lo que ya ha permitido que, prácticamente, se amortice el presupuesto: «Watts me confesó que el momento en el que me gané su confianza fue cuando en uno de los ensayos senté frente a frente a los dos protagonistas y les pedí que se dibujaran. Le pareció un tanto extraño, pero le gustó. A partir de entonces se estableció una relación muy cercana en la que ella siempre deseaba que le pidiera más y lo aceptaba todo». Sin tantos títulos a sus espaldas, pero igual o más convincente está Tom Holland, el adolescente que interpreta al hijo mayor de la pareja, que cuaja algunas de las secuencias que quedan en la retina del espectador.
Aparecen brevemente además algunas caras habituales en nuestra cinematografía, como Marta Etura o Geraldine Chaplin. Tanto en «El orfanato» como en ésta, si algo puede apreciarse es el interés de Bayona por la transmisión de enseñanzas de padres a hijos: «Es lo que más me emociona; por ejemplo, en mi caso, ya que mis progenitores vienen de la generación de la miseria». Aquella cinta es la quinta película más taquillera de toda la historia del cine español y la presente aspira a multiplicar los más de 78 millones de euros que recaudó en todo el mundo.
Sin complejos
Si algo diferencia a Bayona de la mayoría de los directores europeos es que no les pierde la voluntad de autoría y abraza sin complejos géneros establecidos, como, en este caso, el género de catástrofes: «No entiendo la etiqueta de cine de autor, y me congratula que Polansky se ría habitualmente de ella, porque quién más autor que él. Lo importante es buscar una implicación personal en lo que se cuenta. Por ejemplo, aquí, hay momentos de la película que no puedo relatar sin emocionarme, creo que es un tema que no se ha narrado en el cine de catástrofes, que es el género al que pertenece». A pesar de esta diferencia confía en la industria y la creatividad española: «Esta es una muestra de lo que podemos hacer» y recuerda que en el coloquio que siguió al pase del largometraje en el Festival de Toronto, cuando el moderador advirtió que la no era una película de estudio, sino española, el público aplaudió. Por cierto que allí, los críticos señalaron las similitudes de estilo entre el español y Spielberg.
Los grandes estudios no quisieron entrar a financiar el proyecto, según Bayona, porque se permite una lectura y detalles que no son políticamente correctos, pero lo importante para el realizador de habernos metido durante 90 minutos en la piel de estas personas es que comprendamos que «Lo imposible se refiere al día después donde acaba la película, cómo emprendes la vida normal tras pasar por una experiencia como esa».