Atlético de Madrid

Drogba amortiza la inversión

Puede que el fútbol fuera injusto con el Barcelona en semifinales y también, aunque un poco menos, en la final con el Bayern. Es posible que en esos tres partidos el Chelsea haya recibido del dios balón más de lo que merecía, pero a la vez ha sido justo con Didier Drogba. El marfileño ha sido uno de los más grandes goleadores de los últimos años y ahora, en su segunda o tercera juventud (34 años), se ha convertido en el líder de este Chelsea, en su alma, en el futbolista que hace posible que las raquíticas puestas en escena de Di Matteo tengan sentido y resultados positivos.

La energía y la fe de Didier resultan imprescindibles en los «blues», para quienes el costamarfileño es el primer defensor y el único atacante permanente. La presión comienza en su desgaste y, si hace falta, se convierte en un componente más de la zaga. Lo hizo tanto ayer como frente el Barça y sus ganas se convirtieron en penaltis en contra. Da igual, nadie en Stamford Bridge va a bajarlo del Olimpo en el que se ha instalado con sus goles y con su juego de espaldas para ganar la pelota contra todos y dejarla en condiciones para empezar el contragolpe. En Múnich, casi ni pudo enlazar una jugada en 120 minutos, pero antes del 90 apareció para cabecear el empate con la rabia del depredador y el oportunismo del ganador. En la tanda definitiva, el destino le regaló el último lanzamiento para que hiciese realidad el sueño de Abramovich y amortizase su inversión. Casi mil millones ha gastado el ruso desde que compró el club en 2003 y ya tiene la pieza que le faltaba en su colección.

La primera Liga de Campeones de los londinenses, arrebatada sin piedad de las manos del Bayern en su propia casa. «La vida es fantástica»; así resumió Drogba su estado vital anoche. En el otro lado, lloraban los bávaros, a los que ni la injusticia de su derrota podía consolar: «Así es el fútbol, no siempre gana el que lo merece», se lamentaba Müller.

 

El Atlético espera en la Supercopa
El Atlético no jugaba en Múnich, pero miraba el encuentro con más curiosidad que el resto de equipos. Del Allianz Arena iba a salir su rival para la Supercopa de Europa (31 de agosto en Mónaco), que enfrenta a los campeones continentales. El destino quiso que el camino de los rojiblancos y el de Fernando Torres vuelva a cruzarse y quizá, por fin, «El Niño» pueda saltar al césped para enfrentarse al conjunto donde se formó como futbolista. Dos veces con el Liverpool estuvo cerca de darse el reencuentro, pero ni en la fase de grupos de la «Champions» ni en las semifinales de la Liga Europa pudo Fernando estar en el campo. Ahora podría suceder, si un traspaso u otra lesión no lo impide.