El Madrid se rearma

El Real Madrid volverá a buscar un trofeo que se le resiste desde 1993 después de una semifinal durísima. Una muesca más para un equipo que en el último mes y medio ofrece constantes síntomas de crecimiento.

Sergio Llull se esfuerza para taponar un lanzamiento de Rafa Martínez
Sergio Llull se esfuerza para taponar un lanzamiento de Rafa Martínez

El libro de ruta que planteó el Power Electronics Valencia estaba lleno de baches, peajes de todo tipo... Los de Messina lo aceptaron de buen grado hasta que se vieron asfixiados. Fue al comienzo del tercer cuarto (27-40, min 22). Al Madrid le quedaba una palada para ser enterrado, pero los cimientos cada vez aparentan ser más sólidos

El sonido más desagradable para terminar un ataque, la bocina de los 24 segundos, cerró el primer ataque de los locales. Si tenían alguna duda de lo que tenían enfrente, de inmediato recibieron la prueba más palpable. Empezaba una guerra de trincheras para alcanzar la final.

En tiempos de crisis, los puntos se cotizaron carísimos. La pizarra de Pesic asfixió al Real Madrid durante 18 de los primeros veinte minutos. Ni una posición cómoda, ni un tiro sin sentir el aliento de la defensa en el cogote... Puro agobio. El Valencia se dejó el alma en cada defensa y eso lo terminó pagando.

Rafa Martínez era el único jugador con luces suficientes como para ser productivo en ambos lados de la pista. El escolta fue muy superior a Llull y su equipo, al Madrid hasta que cometió la tercera falta. Su equipo todavía dominaba, pero fue el principio del fin para el Power Electronics (36-43, min 28).

Carlos Suárez se encargó de sostener al Madrid en los momentos más complicados que fueron muchos. El alero tenía enfrente a Víctor Claver. Los inquilinos del puesto de «3» en «La Roja» para muchos años. No hubo color. Scariolo puede tomar buena nota para el Eurobasket. El madrileño siempre suma y lo hace en muchísimos apartados y sin necesidad de tracas. La que desplegó Claver en cuartos no tuvo continuidad cuando la final estaba en juego. Suárez fue comiéndoselo poco a poco. Minuto a minuto, no dejó ni rastro. La superioridad se hizo evidente en la segunda parte. Cuando al trabajo atrás había que sumar puntos, al Valencia se le acabó la gasolina.

Nada que ver con la dinámica que cogió el Madrid a medida que se acercaba el final. Sergio Rodríguez y Mirotic tienen la virtud de ser fieles a sí mismos en los momentos más complicados. El base siente que empieza a ser importante. Eso se refleja en su juego y en su actitud en la cancha. Nada de reservas, hay que jugar como se es. Esté en juego la final de Copa o una sesión de entrenamiento. Mirotic es de la misma escuela. En el último cuarto, después de que el Madrid se pusiera por primera vez por delante (49-48, min 31), el ala-pívot amplió su currículum de víctimas. Anotó nueve puntos y, lo que más le pide Ettore Messina, no dejó de trabajar atrás. Rafa Martínez siguió peleando en solitario, pero se encontró sin ayuda. El Madrid pudo terminar disfrutando (61-54, min 37) y con la sensación de haber aprobado un nuevo examen de una asignatura de las importantes.