Atrapado en las cumbres

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Sin rumbo fijo. Sin sustentos básicos. Sin brújula ni linterna. Perdido en el desfiladero de las contradicciones. Exhausto por los esfuerzos no previstos. Nervioso ante lo que pueda haber en el siguiente recodo. Desconectado del mundo. Muy tocado y al borde del hundimiento. Con los serpas alucinados y amenazando con huelga. Apenas hay tiempo. Los elementos se han vuelto contra él y en pleno descenso. Las ventiscas nublan su vista hasta las «zejas» y especulan con el equilibrio de sus fuerzas. Las rachas de viento le zarandean en las cumbres. Desde más arriba le hacen señales para indicarle el camino correcto. Y ya no hay otro posible. Le han empezado a dar instrucciones para ir por la ruta que siempre ha querido evitar. Tiene que recorrer el trecho más difícil y forzado. Va cuesta abajo y no le gusta la velocidad a la que tiene que ir resolviendo los problemas. Hay picos escarpados y riesgo de aludes. Si hace un movimiento equivocado volverán las avalanchas. Y ya sabe que pueden llevarse por delante a él y a toda la cordada que encabeza. La montaña no perdona las osadías porque tampoco es permisiva con los valientes. Atrapado entre las cumbres espera a que alguien le rescate. Cada vez hay menos dispuestos a ello ya que las rutas de salida son imposibles. Esta es una historia basada en hechos reales pero que podría aplicarse a alguien que ustedes conocen desde hace unos años.