Elena Salgado: lo que desgasta la crisis

Bolsas en los ojos, líneas descendentes en la comisura de los labios, piel apagada... Varios especialistas certifican cómo la gestión de la recesión ha castigado el rostro de la vicepresidenta económica 

Elena Salgado:  lo que desgasta la crisis
Elena Salgado: lo que desgasta la crisis

El 18 de abril de 2004 Elena Salgado juraba su cargo al frente del ministerio de Sanidad luciendo un favorecedor bronceado y una piel impecable bajo una fina capa de discreto maquillaje. Tenía 54 años y cierto «allure» francés que la desmarcaba del resto. Seis años, una crisis económica y dos cambios de cargo radicales después, no se puede negar que la política ha dejado una huella implacable sobre su rostro. ¿Sería la misma si se hubiese quedado en la empresa privada o si fuera consejera delegada de alguna entidad financiera? Probablemente no y, como muchas altas ejecutivas, recurriría a la toxina botulínica cada cuatro meses para eliminar las arrugas de expresión, disfrutaría de tiempo libre para regalarse masajes y tratamientos de belleza exprés y combatiría el estrés tres veces por semana entre las paredes del gimnasio. El mapa emocional de la pielPero Elena Salgado está al frente del ministerio de Economía y la política, que exige dedicación a jornada completa, no perdona una arruga de expresión. Como explica la doctora Aurora Guerra, jefa de sección del dermatología del Hospital Doce de Octubre de Madrid y miembro de la AEDV, «es habitual que los políticos terminen su mandato con un ceño de preocupación entre las cejas, que se vuelve crónico». Cuadrar presupuestos hasta las dos de la madrugada, improvisar medidas económicas y enfrentarse a la oposición casi a diario pasa factura a la piel, que no es capaz de soportar el estado continuo de alarma. Por si las tensiones fueran pocas, Elena Salgado cumplía los 60 en pleno traspaso de poderes con Solbes y, aunque, como señala la doctora, «tiene una piel muy cuidada que puede no corresponderse a esta edad y se nota que se ha protegido del sol a conciencia, pues su rostro y escote están libres de manchas», los 60 son una época crítica para la piel de la mujer, que debe observar, impotente, cómo disminuye radicalmente la actividad de los fibroblastos, cómo se vuelve más fina y cómo se produce cierta anarquía en la pigmentación. Los niveles de estrés de la ministra deben haber superado los límites. En su última aparición pública, su imagen, siempre impecable y construida en torno a trajes de chaqueta de corte sobrio de la gama de los grises y los beiges, preocupaba a los que analizaban con atención las bolsas de los ojos y los evidentes signos de cansancio, que siempre se traducen en una piel apagada. El cargo ha dejado secuelas en la piel y, a pesar de seguir una buena rutina cosmética y de no fumar (demostrando coherencia con la durísima Ley Antitabaco que diseñó cuando era ministra de Sanidad), un hecho evidente, ya que, según la doctora Guerra, «no tiene el famoso código de barras que se asienta sobre el labio en forma de líneas verticales en la piel de las fumadoras», el rostro es fiel reflejo de la situación actual. La otra cara de la delgadez Como señala el cirujano plástico Roger Amar, la titular de Economía es un buen ejemplo de cómo envejecen las personas delgadas: «Con pérdida de volumen y densidad cutánea a nivel orbital, alrededor de la boca y a nivel maxilar, con una caída de las cejas más evidente, un exceso de pliegue en el párpado superior y unas ojeras más pronunciadas. Alrededor de la boca posee arrugas horizontales bajo la nariz, en medio del mentón y un adelgazamiento progresivo de los labios». En contraposición, y como también indica el cirujano, «conserva perfectamente bien sus pómulos y sus pilares y esto le permite tener una bonita sonrisa, que le hace fotogénica». Lástima que tenga pocos motivos para lo último.La situación, por el momento, no está para alardear de arreglos estéticos, pero no sabemos si en un futuro, y una vez alejada de la presión mediática, Elena Salgado será de las que cierren etapas regalándose algún tratamiento estético. Hasta ahora, ha destacado por su naturalidad, la sobriedad de sus trajes, por el blanco inmaculado de sus camisetas (incompatible con un exceso de maquillaje) y por un peinado impecable. ¿Cirugía mayor? No parece probable, y además, como señala el doctor Roger Amar, «en su caso nunca realizaría un «lifting», ya que en las personas delgadas deja una cara plana y sin relieves». MesoterapiaEl cirujano le recomendaría el rejuvenecimiento facial por injerto muscular (FAMI), «una técnica de resultados naturales y capaz de tensar los tejidos alrededor de los ojos atenuando las ojeras, y hasta de mejorar el aspecto del cuello, sin obligar al rostro a renunciar a los volúmenes ni la expresividad. Respetaría la dulzura y la suavidad de su mirada y, si acaso, es recomendable una blefaroplastia superior que retirara el exceso de piel». En el contorno de los labios, esta técnica también resultaría muy efectiva, ya que «dibujaría una sonrisa más joven y elevaría la punta de la nariz, que con el tiempo también se cae, y suavizaría las arrugas horizontales». Por su parte, y a nivel estético, la doctora Aurora Guerra le recomienda sesiones de mesoterapia a base de vitaminas y ácido hialurónico, «para devolverle la luminosidad de la tez, el uso de cremas nutritivas más fundentes, recuperar el sueño perdido y alguna sesión de botox en la región de la frente para eliminar el ceño de la preocupación».Diagnóstico: nerviosismo y estrés crónicoLa piel de la ministra se ha deteriorado a lo largo de sus años en el cargo y las imágenes que ilustran estas líneas así lo demuestran. Las ojeras oscuras y las bolsas de los ojos delatan las noches de insomnio y las pocas horas de sueño; las arrugas del entrecejo son signo de las jornadas de tensión; las descendentes líneas de la comisura de los labios hablan de los momentos de tristeza, y las arrugas en la zona de la nariz reflejan nerviosismo. A todo esto se suma la acción del estrés crónico: «Genera unas sustancias que actúan como radicales libres contra la piel y el cabello», apunta la doctora Guerra.