No hay jueces en Berlín por José Luis RAMÍREZ

La Razón
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Concluye el plazo concedido a los partidos para alcanzar un acuerdo para la renovación parcial del TC. Tres magistrados se vieron obligados a presentar su renuncia, finalmente no aceptada, para forzar ese acuerdo. La llamada de atención se torna, según pasa el tiempo, en desesperanza e indignación ante esta clamorosa ausencia de un mínimo de sentido institucional.
En todo momento aplicativo del Derecho se produce un cierto margen de influencia de la posición ideológica del intérprete. Ello no equipara al Poder Judicial a los Poderes Legislativo y Ejecutivo. La forma de ser llamado a la decisión, la sujeción al ordenamiento, el rechazo de criterios de oportunidad, la ausencia de intereses, no sólo personales, sino también institucionales en la decisión, en definitiva, la imparcialidad objetiva, junto a otras muchas precisiones, diferencia esas esferas. Por ello, los criterios de mérito y capacidad técnicos coexisten con otros de corte ideológico. Frente a lo que se afirma muchas veces, es inevitable que existan diferencias entre jueces progresistas y conservadores. Es una sana y natural traducción del pluralismo político, base de nuestra convivencia.
Las anteriores reflexiones tienen especial significación en lo referido al TC, que juzga precisamente la Ley que somete al resto de tribunales. Las normas constitucionales son más abiertas que las plasmadas en una legislación concreta. Existe una zona más amplia de influencia de las posiciones previas de quienes conforman ese Tribunal. Es razonable que influyan en la elección criterios ideológicos junto a criterios de mérito técnico.
Ahora bien, aceptar esa influencia no puede hacernos olvidar tres aspectos importantes. Uno, que, siendo el pluralismo un valor constitucional, no puede soslayarse que a la mayoría de la población nos vincula una misma concepción de base de valores que nos une para poder discutir nuestras diferencias. Dos, que reconocer influencia ideológica en la decisión judicial no tiene ninguna relación con vinculaciones orgánicas con partidos políticos. Éstas sí son odiosas a un Poder Judicial democrático. Entender como importante la orientación ideológica de la jurisprudencia no puede convertirse en coartada para la ubicación de «los nuestros» en ningún puesto. Tres, más allá de los criterios formales con que podamos medir esa virtud, la preparación técnica y la excelencia jurídica deben ser criterios excluyentes previos a cualquier consideración de otro tipo.
Hay muchos profesionales que cumplen esos requisitos, tanto progresistas como conservadores. Quizás no todos los propuestos al Congreso lo hacen. PSOE y PP tendrán que explicar el motivo de no dar con esas personas y preferir poner en solfa al TC antes de ceder en lo que parece una política cortoplacista e interesada partidista.


José Luis Ramírez
Magistrado. Portavoz de JpD