Victoria de Suecia: «Gracias por darme a mi príncipe»

Vea el desfile de príncipes, princesas, reyes y reinas a la entrada de la iglesia para asistir a la boda entre la princesa Victoria de Suecia y Daniel Westling. Además,vote en nuestra encuesta: ¿quién era la más elegante? Rania de Jordania, Doña Letizia, Doña Elena y Mette-Marit, entre las candidatas.

La princesa heredera Victoria de Suecia y Daniel Westling atienden durante la ceremonia religiosa en la que han contraído matrimonio
La princesa heredera Victoria de Suecia y Daniel Westling atienden durante la ceremonia religiosa en la que han contraído matrimonio

A las 18:07, puntualidad sueca, salían al balcón del Palacio Real los herederos al trono sueco: Victoria y Daniel. Ella tomó la palabra y se dirigió a sus súbditos: «Ante todo quiero agradecer al pueblo sueco haberme dado a mi príncipe». Irradiaba felicidad, después de tantos años de luchar por su amor, por fin lo habían conseguido. La heredera al trono de Suecia y su entrenador personal son oficialmente marido y mujer. El cuento ha cambiado: él ha encontrado a su princesa. Sin embargo, los fastos que rodean un enlace real se mantienen: flores, caballos y ayudantes de cámara, «todo estaba calculado al milímetro», explica Sergio Escalera, experto en protocolo. No ha faltado nada, hasta el tiempo ha acompañado a los miles de suecos que se congregaron en Estocolmo para acompañar a la pareja. El dispositivo de seguridad, compuesto por más de 6.000 soldados, comenzaba a trabajar alrededor de las siete de la mañana cuando suecos venidos de todas partes se agolpaban a las puertas de la catedral de San Nicolás esperando impacientes la llegada de la comitiva real. La alfombra azulA medida que se acercaba la hora, la alfombra azul se llenaba de invitados que mostraban las señas de identidad de cada casa real. Galones, tiaras y joyas se daban cita ante la atónita mirada de más de 2.000 periodistas venidos de todo el mundo para presenciar la boda de la única princesa soltera que quedaba en el antiguo continente. Entre los diseños más destacados por la Prensa, resaltaba, especialmente, el de la Infanta Elena, una creación de Lorenzo Caprile, de inspiración goyesca: «La selección del vestido no es casual, podría considerarse no sólo como una reivindicación personal, sino también como una muestra de apoyo a la Fiesta Nacional», comenta Escalera.

Pero, sin duda, el momento más esperado fue la llegada, minutos más tarde, de Victoria de Suecia, acompañada por su padre y luciendo la corona y el velo con los que se casó la reina Silvia, hace 34 años. La tiara de los camafeos, como se la denomina, se ha convertido en un tesoro familiar desde que la princesa Brigitta, hermana del rey Carlos Gustavo, escogió esta joya para su enlace. «Los camafeos representan el árbol genealógico de la familia real», añade el experto. El vestido, diseñado por el sueco Par Engsheden, denotaba el aire clásico que caracteriza a la monarquía y combinado con la tiara, los pendientes y la pulsera, todo a juego, resaltaba la belleza serena de la princesa.La ceremonia luterana duró alrededor de media hora y la impartieron tres obispos a los que, curiosamente, acompañó una «arzobispa», tal como impone el protocolo sueco. Minutos antes, los novios ya se habían desviado de la tradición cuando, en lugar de traspasar el umbral de la iglesia juntos, la prinsa entró del brazo del rey y, justo antes de llegar al altar, le cedía la mano al que se convertiría en príncipe y duque de Västergötland. Asimismo, otra de las curiosidades del enlace la protagonizaron los pajes que acompañaron a Victoria. Entre los pequeños se encontraba la hija de los herederos noruegos, uno de los hijos de Máxima y Guillermo de Holanda y uno de los retoños de Mary Donaldson, que sufrió un traspié, cuando su marido, el príncipe Federico de Dinamarca, le pisó el vestido. A las 16:25, diez soldados reales les esperaban con sus sables desenvainados formando un arco, a la salida de la catedral, donde el público reclamaba ver el primer beso de los recién casados. Acto seguido comenzó el paseo oficial. Recorrieron las calles de Estocolmo, subidos en un carruaje, y la bahía de Saltsjön, a bordo de una barcaza con los colores oficiales de la bandera sueca, denominada «Vasaorden». Dos horas después desembarcaban a orillas del Palacio Real.

Su salida al mismo balcón que utilizaron los reyes en 1976 se convirtió en el momento más emotivo de la tarde. Las palabras de Victoria llenaron de lágrimas los ojos de su, hasta ayer, entrenador personal. A las 20:15 comenzó el banquete al que asistieron la mitad de los invitados, que tuvieron que esperar, de pie, más de media hora hasta que los anfitriones llegaron. De los comentarios y bailes nos enteraremos más tarde, pero, lo cierto, es que para Victoria su cuento ha tenido un final feliz.