Zeffirelli el señor de Verona

Por primera vez, el festival de la Arena dedica sus cinco producciones operísticas a un mismo director de escena. A sus 88 años llega el reconocimiento para el artista italiano tan criticado y denostado como querido y admirado

El director de escena estrenó esta producción de «Aida» en 2002
El director de escena estrenó esta producción de «Aida» en 2002

Mientras tenga fuerzas seguiré». Así de rotundo contestaba a este diario Franco Zeffirelli cuando se le preguntaba por su jubilación y enlazaba al hilo una frase por si cabía duda alguna: «Cuando ya no pueda más daré las gracias a todos y diré adiós». No hay fecha pues para la despedida. Ha cumplido 88, las mismas ediciones que tiene el Festival de la Arena de Verona que este año aprovecha la feliz coincidencia y dedica los cinco títulos que se representarán durante el verano a Gianfranco Corsi (ése es su verdadero nombre).

El viernes arrancó la maratón veronesa con «Turandot», de Puccini. Ayer le tocó el turno a «Aida», de Verdi, y el próximo sábado se podrá escuchar la «Butterfly» de Puccini. El 10 de julio, uno de los montajes emblemáticos del regista y director de cine, «Carmen», para cerrar en agosto con «Il trovatore». El festival ha tirado la casa por la ventana con las voces de Maria Guleghina, Marco Berti, Fiorenza Cedolins, Walter Fraccaro, Dolora Zajick, Marcelo Álvarez, Jorge de León, Dimitri Hvorostovski y Anita Rashvelishvili, entre otros artistas. El casi nonagenario Zeffirelli ha estado al pie del cañón. Tras el estreno de «Turandot» el viernes salió a saludar en silla de ruedas. «Ni siquiera Julieta ha recibido tanto amor aquí», se leía en «Corriere della Sera».Su caso es único dentro del mundo de la ópera y de la dirección de escena: es el último representante de una época dorada y cuando se despida se cerrará con él uno de los capítulos más brillantes de la regia. Sin embargo, este experimentadísimo nonagenario sabe que concita tantas simpatías como detractores tiene que le tachan poco menos que de decorador grandilocuente. Él nunca se ha mordido la lengua. Cuando se le ha interrogado por el futuro de la ópera ha respondido sin temblor: «No existe». Con los ojos de par en parAbomina de las producciones minimalistas hechas casi exclusivamente para el oído y cuando se levanta el telón y se descubre una producción suya el público, como sucedió hace una semana en el Teatro Maestranza de Sevilla en el segundo acto de «La Traviata», aplaude y mira con los ojos de par en par. «Pertenece a la más pura tradición italiana. Es un sueño estar aquí y nada tiene que ver con las centroeuropeas.

Cantarla es punto y aparte. Yo, además, que vivo entre Verona y Jerez, te puedo decir que el maestro allí es un dios», asegura Ismael Jordi, Alfredo en el reparto de «La Traviata» hispalense. Mariola Cantarero, su Violeta, suscribe las palabras del artista: «Debuto el papel y hacerlo con Zeffirelli es como poder tocar el cielo», asegura. Frente a quienes le achacan que se ha quedado anclado en el pasado y que sus montajes destilan un tufillo enlatado, Jordi asegura que «en Sevilla arranca con una Violeta soñadora, lo que creo que ya es un símbolo de modernidad.

Ha sido el más moderno y el más fiel a la partitura». La mezzo Nancy Fabiola Herrera abrió la temporada de la Arena en 2009 con la producción de «Carmen»: «Es un ser grande no por casualidad, se lo ha labrado. Su novedad fue llevar a escena producciones cinematográficas cuando nadie lo había hecho. ¿No fue eso moderno? Sus montajes resultan grandiosos y te maravillan, aunque algunos tengan ya treinta años. Disfrutemos de él y de todo lo que nos da. Sería una ignorante si le criticase», comenta la artista.

«Carmen» servirá el «tour de force» entre Marcelo Álvarez y Jorge de León (los dos sobresalientes Don José de un reparto de cinco), que volverán a coincidir sobre un escenario. Para este último será su primera vez con el regista italiano: «El reto de un director de escena es contar sin despistar. El resultado lo vemos enseguida con el veredicto del público y yo estoy deseándolo».

 

De León ha cantado este año unas cuantas «cármenes»: una de Bieito, otra de tono más clásico en el teatro Villamarta de Jerez, la recentísima de Saura (con funciones en cartel hasta el día 30) y ésta de Zeffirelli, «lo que te enriquece y aporta, porque cada montaje es diferente y posee algo propio. Te permite comparar». Será también su debut en Verona.

Para Gerard Mortier, próximo director artístico y musical del Teatro Real, el napolitano no es uno de sus registas de cabecera. Refiriéndose a su finiquitada etapa en la Ópera de París, comentó a este diario en julio de 2009 que «he creado un público más joven, aunque sé que hay otro tipo que prefiere a Del Monaco o Zeffirelli. Pero pueden estar tranquilos porque en dos meses estarán. Va a haber restauración del antiguo sistema».En 2007 el director de escena autoproclamó la ópera verdiana que iba a inaugurar la temporada de la Scala como «la Aida de todas las Aidas». Una lástima que no se la recuerde por su grandiosidad sino por la espantada de Roberto Alagna. En 2009, Zeffirelli clamó tras el estreno de «Carmen». Dirigida por Enma Dante, de tintes antirreligiosos y en la que la protagonista sufría una violación. «He visto al mismo demonio», comentó tras la función. Barenboim no salió mejor parado al tildarle de «cómplice de un crimen». La soprano georgiana que encarnó a esta endemoniada Carmen, Anita Rashvelishvili, será la gitana titular (ella cantará cuatro; las demás, dos). El montaje, que estrenó el año pasado en este mismo festival, está en las antípodas del firmado por Dante.