La mejor canción de Teddy

-Frente al «amateurismo» de sus compañeros, se convirtió en gestor profesional que hizo de SGAE un Ministerio de Cultura bis- Habitual de La Bodeguilla de Felipe González, logró una Ley de Propiedad Intelectual que multiplicó la recaudación- Practicante de la teoría de la conspiración, cada vez que alguien se enfrentó a su postura lo deslegitimó por estar en contra de los derechos de autor

DE OBRAS. Bautista tiene como joya de la corona el Arteria Hispalis de Sevilla, que le ha dado más de un disgusto

Como aspirante a marino mercante, Teddy Bautista se preparó para mantenerse firme en largas travesías. De los 14 a los 18 años estudió a conciencia para manejar el timón de un buque real, pero sus padres ya le habían inoculado el virus de la música al mandarle a clases de solfeo desde pequeño, y el síndrome Mozart acabó por imponerse. En los primeros 60 funda con un grupo de amigos Los Ídolos, que no acaban de despuntar en España, pero a los que descubre un turista americano, Dudley Cooper, que les ofrece un contrato para que emprendan una gira por la cadena de parques de atracciones que tiene en su país. Como son menores de edad, les acompaña su padre, Don Eduardo, cónsul honorario de Nicaragua en las Islas Canarias, responsable de que fuera conocido siempre como Teddy, Teddy Bautista.

El tema del verano

El diplomático, que había alentado la vena artística del chaval, actuará como exigente y disciplinado mánager del grupo, un ejemplo que marcará para los restos su carácter «estajanovista», como le define alguno de sus colaboradores. En EE UU les rebautizan como The Canaries, nombre que traducirán a su vuelta, cuando una actuación en El Gran Musical dispara su carrera en la península. Busca nuevos integrantes para que su repertorio se encamine hacia el «soul» y así obtiene el respaldo de Carlos Saura, que le encarga el fondo musical para una escena de baile en «Peppermint Frappé». Después graba la mítica «Get on Your Knees», canción del verano del 68 y el segundo álbum más vendido del año. En la cresta de la ola, Bautista no puede retrasar más su incorporación a filas.

Con su verbo florido y una ambición siempre alta, Teddy vuelve a la vida musical para adentrarse en el terreno del rock progresivo. En una entrevista de 1971 ya exhibía ego al compararse con los grandes: «Había unos señores que se llamaban Debussy y, por citar los más conocidos, Stravinsky y Bernstein, que hoy son considerados como clásicos y en su tiempo fueron juzgados rebeldes». A pesar de las sucesivas refundaciones del grupo, nunca repetirían las ventas de «Get on Your Knees». Una vez disuelta la formación, impulsó la comedia musical en Madrid como intérprete, arreglista y director musical –ya estaba interesado en acumular cargos– de proyectos históricos como «Jesucristo Superstar» y otros como «My Fair Lady», «Hair» y «Annie».

Habitual de La Bodeguilla
El 30 de marzo de 1983 fue nombrado vicepresidente de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), comandada entonces por Juan José Alonso Millán, quien ya avistó la capacidad de Bautista: «Los artistas somos unos vagos, pero Teddy es un obseso del trabajo». Él, consciente de todo el trabajo que quedaba por hacer, se dedicó en cuerpo y alma a esta nueva tarea con una dedicación profesional que no todos su compañeros podían tener. Asiduo a La Bodeguilla de Felipe González en La Moncloa, logró una Ley de Propiedad Intelectual a su medida, lo que facilitó un espectacular aumento de la recaudación que comentaremos después.

«Fui tentado dos veces para ser ministro», admitió tras la caída socialista. Además de esta conexión con el poder, se empleó en una batalla judicial implacable, contra radios, hosteleros díscolos y la propia TVE, incluso cuando estaba presidida por Pilar Miró, a la que ganó un pleito por valor de 2.000 millones de las entonces pesetas, y otra ofensiva mediática, no menor. Las hemerotecas guardan infinidad de cartas al director cada vez que se publicaba algo que no le complacía. Por si esto fuera poco, aplicó uno de los vicios favoritos de este país: la teoría de la conspiración. La picaresca española de querer esquivar los pagos, también los de los derechos de autor, sirvieron a Teddy para cuestionar a todo el que se enfrentaba a él con el argumento de que, en realidad, sus oponentes estaban contra el derecho de la propiedad intelectual. «Esa misma teoría de la mano negra la han heredado los Senante y Víctor Manuel como hemos comprobado estos días. «El enemigo siempre tiene la culpa de todo», señala un ex miembro de la Junta Directiva.

Primeras sospechas
Teddy cogió el mando en 1993, cuando Millán dejó el cargo de presidente por sus «amplios compromisos profesionales», algo que Bautista, que cobra unos 4.000 euros anuales en derechos de autor, no podía decir entonces. El destino es caprichoso y ha querido que 28 años y un día después de haberse hecho con la máxima responsabilidad, la Guardia Civil acudiera para sacarlo de su despacho. Estuvo como presidente en funciones apenas unos días del 30 de junio al 28 de julio, pues tenía claro que éste debía ser un cargo honorífico, aspiraba a la presidencia ejecutiva que no estuviera sometida a la elección de los socios. Así que propició una nueva elección de presidente, donde ya se produjeron las primeras acusaciones de tongo: Manuel Gutiérrez Aragón fue elegido sin que una parte de la Junta Directiva, ente otros la aspirante Ana Diosdado, fuera convocada: «Sin entrar en polémicas y teniendo muy claro que Gutiérrez Aragón no tiene nada que ver con esto, Teddy, que es mi amigo, sabía que quería presentarme, y debe ser cosa de los duendes que el telegrama convocándome al consejo nunca llegó», declaraba la dramaturga.

Trabajó tanto para convertise en presidente ejecutivo como para cambiar el sistema de votación, de forma que el sufragio estuviera aún más restringido, a pesar de las acusaciones históricas contra la entidad de que estaba en manos de unos cuantos autores. Y a pesar de todo, siempre ha pregonado «el funcionamiento democrático de la actual SGAE, cuyos socios designan libremente a sus representantes en los órganos de administración de la entidad y controlan su gestión».

En las últimas elecciones del 30 de junio, apenas tenían derecho a sufragio poco más de ocho mil autores de los cerca de cien mil con que cuenta la entidad. Cada uno tiene un número de votos acorde a su recaudación. Es decir, no vale igual el de Alejandro Sanz que el del autor de pop indie que ha tenido su primer éxito. El trono de Teddy sufrió dos asaltos electorales igual de inofensivos antes del último, aún por aclarar, primero con Juan Antonio Bardem y luego con Loquillo. Las dos candidaturas repitieron los mismos argumentos que ahora Sastrón: empleo de recursos de la entidad en favor de su candidatura y obstaculación para acceder a los datos de los socios, entre otros.

Pero volvamos a mediados de los 90. Ya entonces en las páginas de los diarios se podían leer acusaciones de haber creado para los socios afines «un PER como el del Gobierno y cambiar el sistema de votación para perpetuarse en la poltrona». Frente a su innegable mejora de la recaudación, superior al 1.500% desde su llegada, también existen críticas por disparar los gastos de gestión: «Los descuentos han aumentado del 20 al 48%, pues desglosan administración, recaudación y otras materias», dice la oposición.

Arteria y «ley Sinde»

Cuando el PP llegó al poder, la SGAE ya era un Ministerio de Cultura bis que manejaba un presupuesto mayor que el gubernamental. Bautista supo tender puentes con Esperanza Aguirre y Rajoy, haciendo guiños: «SGAE podría ser un día de derechas», dijo. Entretenido con el proyecto faraónico de Arteria, que pretende crear la mayor red de teatros en territorios donde se hable español, no supo afrontar el desafío de internet. Se negó a promover una oferta legal, a pesar de que SDAE, centro de la trama de corrupción, fue creada para ello. Logró el respaldo del Gobierno de Zapatero que acabó por concretarse en la «ley Sinde», pero para entonces la entidad era una de las más cuestionadas de España. El ataque judicial de uno de sus muchos enemigos acabó por destronarle después de tantas victorias. Aún así, alguno de sus enemigos avisan: todavía no ha escrito su mensaje de despedida.