Esto no es el toreo

Las Ventas (Madrid). Décima de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros de Guardiola Fantoni, grandones, descarados de cara, mansos, de mal juego, peligrosos, inciertos y sin humillar. Casi lleno. - El Fundi, de burdeos y azabache, cinco pinchazos, dos descabellos (silencio); cinco pinchazos, dos avisos, cinco descabellos, tercer aviso (ovación).- Uceda Leal, de azul y oro, cinco pinchazos, estocada (silencio); aviso, tres pinchazos, - Rubén Pinar, de verde y oro, estocada baja, aviso (saludos); dos pinchazos, estocada, tres descabellos (silencio).

Llovía. Diluviaba en Madrid sin tregua. Fuerte. Intenso. Tenía todas las papeletas para que el décimo festejo de San Isidro se diera por finalizado antes de empezar. Nadie asomaba por la arena. Retraso de quince minutos anunciaron por megafonía. El ruedo de Madrid encharcado, embarrado. Territorio hostil, resbaladizo. Inviable. Y de pronto, asoman por el patio de cuadrillas El Fundi, Uceda y Pinar. Se da el festejo. Hombres de otro tiempo. Héroes en un campeonato de más difícil todavía. Y así la tarde transitó en lo imposible. Una corrida de Guardiola sustituía a la de Peñajara anunciada. Que descalabro ganadero tenemos en este San Isidro: no hay por donde cogerlo. Dos corridas enteras se han tirado para atrás. Uno se anuncia con Peñajara y acaba matando Guardiola. Y aquí no pasa nada. Mejor dicho, sí, que llueve a mares y todavía así los toreros tiran para adelante. Dan la cara por el espectáculo con todo en contra, y no sólo en lo climatológico. La de Guardiola fue seria, impresionante de cara, de cuerpo, de alzada... Y mala malísima. El Fundi inauguró hazaña con un Guardiola que no tuvo una idea buena. Ni un pase tenía el puñetero ni por un pitón ni por el otro. Tenebroso encuentro: bajo la lluvia y la dificultad del piso. Misión imposible. Esa fue la tónica de toda la tarde. Solventó Fundi y sufrió y sufrimos mucho más todavía con el cuarto. El Guardiola tuvo guasa de principio a fin, pero si no se entregó en la muleta (de lo que ocurrió antes ni hablamos) en la suerte suprema fue un calvario. Fundi le buscó las vueltas y se justificó mucho más allá de lo que marca la ética. Acero en mano no encontró lugar. No había manera. En la suerte ponía la cara por las nubes y cuando lo intentaba con el descabello, el arreón era de salir corriendo. Así fue pasando el tiempo. Sonó el aviso y acabaron por sonar los tres. Injusta imagen. Era, tal vez, la última corrida de El Fundi en Madrid después de 25 años de intachable trayectoria. La tarde, Las Ventas, su plaza, no había estado a la altura. Un adiós a un cuarto de siglo merecía, al menos en el ocaso del camino, una corrida de cierta garantía. La empresa antes de acabar el festejo y a los pocos segundos de ver cómo volvía el toro al corral informaba del ofrecimiento dadas «las circunstancias vividas hoy» de otra despedida en Otoño. Si es como ésta es para pensárselo.

Uceda Leal anduvo muy serio y entregado mientras caía la mundial de agua. En el segundo ya no quedaba arena en el ruedo que no hubiera mutado a barrizal. Uceda plantó cara con una dignidad tremenda ante un toro que no tuvo un pase. Desagradable. Difícil. Un horror. El quinto, que ni por equivocación humillaba, sólo le dejó estar y padecer en la suerte suprema. Hacía hilo tras sentir el pinchazo, arreón terrible.

Rubén Pinar pudo haber cambiado el sino de su tarde de haber metido la espada mejor al tercero. Estuvo importantísimo en la faena de muleta. Tragó una barbaridad a ese toro que embestía en línea recta y sin descolgar el cuello. Ligó los muletazos, inteligente el torero, dando juego a la movilidad sin clase ni entrega. Lástima de espada. El esfuerzo había sido titánico. El sexto quiso parecer menos malo. Dentro de que no humilló y de que cuando pudo se fue directo al torero. Pinar se la jugó. Apostó. Mal toro de una tarde durísima, desagradable, de pueblo, de valle del terror, no de capital de la tauromaquia. Esto no es el toreo. Que va. Ni de lejos. Muerto el sexto descansamos todos.

 

El trece y la buena suerte
Hubo que esperar al último toro del 21 de mayo de 1991 para que explotase la plaza de toros de Las Ventas y César Rincón saliese lanzado como una nueva gran figura. Aquel día, en la decimotercera función de San Isidro, el matador de toros colombiano encontró, por fin, la recompensa a tantos esfuerzos y sinsabores pasados. Curro Vázquez y Armillita Chico habían pasaportado sin pena ni gloria sus respectivos toros de la ganadería de Baltasar Ibán, y Rincón había escuhado un aviso antes de acabar con su primero. Pero con el sexto, «Santanerito», cambió el panorama y el diestro de Bogotá puso la plaza del revés. Ese triunfo le valió la sustitución de Fernando Lozano al día siguiente, en la que volvió a salir a hombros para lograr ya ser un torero consagrado definitivamente. Informa Paco Delgado.

 

Morenito, a refrendar la imagen de la Goyesca
Completan la terna Eulalio López «Zotoluco» y Diego Urdiales.
El burgalés Morenito de Aranda vuelve a Madrid tras dar dos vueltas al ruedo el 2 de mayo. Hará el paseíllo con el mexicano Zotoluco, que vuelve a Las Ventas tras siete años, y el riojano Diego Urdiales. Lidiarán toros de Antonio Bañuelos.