Tela marinera por María José Navarro

La Razón
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El amigo Kurt me lo dejó claro ayer en un mensaje en el Facebook. «¿Mi consejo? Cuenta en Suiza en divisa NOK, en la que el dinero no está en la cuenta corriente, sino en cuenta de valores invertida en deuda gubernamental noruega. Con separación de cuentas entre inversor y entidad intermediaria y confirmación escrita por parte del depositario para que la entidad intermediaria no pueda prestar tus valores. No es fácil tomar una decisión así, pues hacer de visionario y acertar en tus decisiones es sumamente complejo, pero si no ocurre nada no pierdes mucho, y si ocurriese algo esperemos estar en el lado correcto». Todo esto venía a cuento porque servidora tiene su cuentita corriente en Bankia y está pasando uno días complicadillos. La cuenta me da para ir a poner al día la cartilla cada quincena y como movimiento más espectacular me aparece el estimativo del recibo del mes de la luz (siempre generoso consigo mismo el jodío estimativo) y unos leggins que me compré el otro día en el Zara, pero son tantos los rumores, tantos los «corralitos» que nos acechan, tantas las intervenciones, recesiones y retiradas de depósitos que una ya no sabe qué hacer. No sabe si aparecer en la sucursal y pedir con disimulo sus sesenta mil pesetas (al cambio) o «protegerse de la posible hiperinflación que desencadenará la salvación del euro invirtiendo en activos hard, acciones, inmuebles, oro y materias primas», tal y como aconseja Kurt. Sin embargo, Percy me pidió que no frivolice con mi cartera crediticia. Así que estoy en un ay con mis sesenta mil pesetas, amiguitos. Nos queda nada más que reírnos. Ya saben para evitar qué.