Mourinho abraza al Madrid

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Mourinho agarró el balón de la final, repartió un par de abrazos y se marchó al vestuario después de ganar el sábado la final de la Liga de Campeones. Repetía la maniobra de 2004 después de hacer campeón de Europa al Oporto. «Cuando jugué aquella final ya sabía que era mi último partido con ellos y que iba a entrenar al Chelsea», dijo el viernes en Madrid. Ese día ya sabía que el año próximo será el entrenador del Real Madrid. Y lo va anunciando poco a poco.«Es un reto desafiar al Barcelona», dijo ayer en una televisión portuguesa. «Quiero ganar la Copa de Europa. Hace ocho años que no la ganan. Si me convierto en entrenador del Madrid es porque es un club que, como yo, quiere ganar y porque me van los desafíos difíciles. Para vencer no bastan los nombres o el dinero. Lo que sirve es la mentalidad de equipo», asegura.Mourinho ya no tiene dudas. El corazón se le olvidó hace tiempo en algún bolsillo al cambiar el escudo de la chaqueta. Lo que quiere es ganar. Y entrenar al que fue elegido el mejor club del siglo XX ya es una victoria. El dinero no le importa tanto. Moratti le ofreció más para que se quedara en el Inter. Pero al futuro técnico del Real Madrid le da igual ganar 10 millones de euros que 12.Es una cuestión de ego, de orgullo, conseguir que el Real Madrid vuelva a ser el mejor club de Europa, que es lo mismo que decir que es el mejor del mundo. «Hablaré con Florentino después de mañana», anunció el sábado. Ayer era mañana y hoy ya es después. Sólo queda el despido de Pellegrini para que llegue «Mou».