Los muertos de Tiananmen anónimos 21 años después

Los nombres y el número de muertos de la matanza de Tiananmen continúan siendo un secreto de Estado cuando se cumplen 21 años de la tragedia, por lo que los padres de las víctimas, en su mayoría septuagenarios, creen que el régimen chino espera su fallecimiento para eludir su responsabilidad.

"¿Puede ser que estéis esperando a que nos desgastemos o a que nos muramos para que así el problema desaparezca de forma natural?", se pregunta en un comunicado divulgado hoy la ONG Madres de Tiananmen, que agrupa a más de un centenar de familiares de víctimas de la matanza de estudiantes en 1989.

Con motivo del aniversario de la muerte de sus hijos y familiares -los próximos 3 y 4 de junio-, las madres han vuelto a reivindicar su derecho a que el Gobierno asuma las responsabilidades por los 203 muertos que reclaman de un total de, calculan, 2.000 cuyos nombres y apellidos son aún secreto de Estado.

Además de los 128 firmantes vivos, se han incluido los nombres de 22 que han muerto "para honrar el deseo de quienes ya se fueron".

"Hace 21 años una masacre en Pekín horrorizó al mundo, en ella murieron 203 de nuestros seres queridos. Aún quedan más víctimas que no hemos encontrado. No han sido desveladas al mundo, su paradero sigue siendo desconocido. La camarilla del Partido Comunista de China ha decidido por su cuenta mantenerlos en secreto y aparentar que algo así nunca ocurrió", prosigue el comunicado.

La carta, rubricada en primer lugar por las fundadoras del grupo, Ding Zilin, de 73 años, y Zhang Xianling, de 70, señala que la censura sobre la masacre de estudiantes a manos del Ejército de Liberación Popular, tras meses de manifestaciones pacíficas en las que se reclamaba democracia y ley, es una "amnesia forzada".

La censura es tan intensa que las generaciones nacidas en las décadas de 1980 y 1990 ni siquiera creen que "esa salvaje matanza pudiera ocurrir hace 21 años en esta tierra nuestra", dice la carta.

Ding perdió a su único hijo la noche del 3 de junio, en vísperas de su 17 cumpleaños, y el tercer hijo de Zhang murió horas después cuando una bala le atravesó el cráneo en áreas cercanas a la plaza.

Las madres recuerdan al régimen chino, encabezado por Hu Jintao y Wen Jiabao -entonces protegidos del líder reformista defensor de los estudiantes, Zhao Ziyang-, que desde 1995 han agotado todas las vías legales para clamar justicia y que todavía esperan una respuesta.

"No es sólo la desgracia de una familia, sino la de toda una nación", dicen las madres, que reclaman el pacifismo para abolir la herencia de la "era imperial"y establecer los derechos humanos.

Con motivo del aniversario de la masacre, también la ONG Human Rights Watch (HRW) reclama a Pekín que reconozca esas 2.000 muertes, que libere a los 20 disidentes que permanecen encarcelados 21 años después y a los últimos críticos con el régimen comunista.

Entre estas represiones, cita la actuación militar en el Tíbet en 2008 o en Xinjiang en 2009, o la condena al disidente de Tiananmen Liu Xiaobo, que salvó la vida de muchos estudiantes negociando en 1989 con los soldados una salida pacífica para los manifestantes.