OPINIÓN: Una monja diferente

La murciana Fuensanta en Chile, realizando sus quehaceres del día a
La murciana Fuensanta en Chile, realizando sus quehaceres del día a

Hace 40 años que Fuensanta hizo las maletas y dejó Murcia para hacer realidad su sueño, ser misionera. Salir a la calle y colaborar allá donde hiciera falta. A día de hoy es una de las 11 mujeres que lleva a cabo la pastoral social en Chile a través de Cáritas. Compartir con ella 24 horas es sentir el valor de la entrega y la constancia pero, sobre todo, es recordar el valor que una sola persona puede tener para la sociedad.
 La importancia de un gesto o una palabra, su sentimiento de comunidad y unión y el hecho de ser parte activa del progreso a su alrededor la convierten en una de esas señoras a las que se saluda quitándose el sombrero. Y así lo hacen los vecinos de Linares (Chile), la ciudad desde la que con su camioneta roja reparte fuerza en decenas de kilómetros a la redonda. El próximo 27 de febrero Chile recordará el temblor que desequilibró a su país con el dolor de la tragedia -521 fallecidos e incontables pérdidas-. Fuensanta celebrará la fecha trabajando junto a sus amigas jornaleras de sol a sol -mientras lucha por mejorar sus condiciones laborales-, o transportando enseres para inventar pequeños negocios que ayuden a las poblaciones locales. Y cuando llegue a casa al anochecer recordará en su pequeño huerto la dicha de ser una murciana libre y feliz. No hay lugar para el pesar, pero sí para el esfuerzo. No hay hábitos, sino trajes de faena y zapatillas de montaña. Es la fuerza contenida dentro de una sola persona. Junto a Claudia y Ana María -sus compañeras de pastoral- y la inestimable generosidad de la gente a través de Cáritas, esta monja demuestra que el camino de la excelencia humana no está únicamente dentro de las paredes de la Iglesia. Son tres mujeres que viven en un mundo real y trabajan cada día por hacerlo más agradable a quienes la suerte no les regaló una vida fácil. Lejos del lujo, los bienes materiales, los excesos y la ristra de cosas que acumulamos en nuestros hogares hay otra forma de vivir. Más sostenible. Más justa. Y lo que es más importante, en muchos casos más feliz.


Azucena MARÍN. Periodista