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Merkel y Sarkozy al rescate

Tiempo de lectura 4 min.

17 de agosto de 2011. 00:48h

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17/8/2011

El día en que se hacían públicos los malos resultados económicos de Alemania y Francia fue el elegido por sus dos gobernantes, Merkel y Sarkozy, para reunirse y realizar una serie de propuestas que rápidamente han captado la atención internacional. Destacan la adopción de un impuesto de sociedades común para las empresas de ambos países, lo que probablemente arrastre a los demás; la fijación por ley del techo del déficit en toda la zona euro; la imposición de una tasa a las transacciones financieras; y, anudando a modo de lazo todo el paquete, la creación de una especie de Gobierno económico real que, dirigido por un presidente permanente (han propuesto a Van Rompuy), convoque cada seis meses a los jefes de Gobierno y ejerza las funciones de una verdadera autoridad. Queda aparcada la propuesta de los eurobonos y se reafirma la vigencia del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, dotado con 440.000 millones. En resumen, lo que Merkel y Sarkozy han hecho es dar un paso más hacia la integración fiscal de Europa, de modo que sus socios no sólo compartan la moneda, sino también las mismas bases presupuestarias. El mensaje que se transmite a los mercados es positivo y, sin duda, suaviza la mala noticia del parón económico. En efecto, aunque los analistas y los organismos internacionales habían predicho una ligera ralentización del crecimiento en el segundo trimestre, los datos de ayer son mucho peores. De hecho, la economía de la zona euro ha entrado en punto muerto al frenar la locomotora alemana (sólo un 0,1% de crecimiento) y parar en seco el vagón francés (0%), porcentajes muy alejados de las previsiones: un 0,5% y un 0,3%, respectivamente. España también sufre un retroceso (0,2%, una décima menos que en el primer trimestre), de modo que la tasa interanual baja a un 0,7%, muy alejada de los pronósticos del Gobierno para este año (1,3%). La caída del consumo está en el origen de este brusco frenazo, lo que resulta especialmente negativo para España, ya que el mejor cliente de nuestras exportaciones es Alemania. Ahora bien, esta contracción del consumo responde en buena medida a la falta de confianza en las políticas económicas de los gobiernos y a los nubarrones que aún se ciernen sobre el euro. Por tanto, Europa no podrá hablar con propiedad de recuperación sostenida en tanto no disipe las dudas sobre su sistema financiero mediante la actuación en dos frentes: mecanismos de rescate y control estricto del déficit. En lo que concierne a España, tanto los datos del PIB como los acuerdos de Alemania y Francia colocan al Gobierno de Zapatero ante un escenario más exigente. Es posible que las medidas anunciadas hace diez días por Salgado se hayan quedado cortas. En todo caso, está obligado a restablecer el techo de déficit que en su día puso Aznar. Una de las consecuencias negativas de no crecer al ritmo esperado es que tampoco se recauda lo previsto y no cuadran los cálculos de reducción del déficit. Dicho de otro modo, el Gobierno está obligado a realizar un esfuerzo adicional, bien reduciendo el gasto o bien subiendo los impuestos; o ambas cosas a la vez. Puesto que Salgado ha rechazado aumentar los impuestos, sólo queda una vía: un nuevo tijeretazo del gasto público.
 

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