En capilla

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Llevamos no pocos meses buceando en la ciénaga de los ERE fraudulentos financiados por la Junta y varias semanas siguiendo la pista empresarial de Ivan Chaves (sí, el hijo del ex presidente andaluz que con cara más dura que ancha declaró que sólo disponía de tres mil euros en la cuenta corriente). Sin embargo, de repente, preguntas por el Partido Popular y la respuesta suele ser un incierto y denso silencio. Por ejemplo, es aparecer Mariano Rajoy en el telediario y las amas de casa aprovechan para retirar los platos del almuerzo a la espera de la información sobre la «Operacion Karlos» y los abucheos a la Campanario. Claro que antes, muy posiblemente, emitan una pieza de José María Aznar asegurándonos en un inglés de Valladolid que Gadafi es extravagante pero no terrorista. Y debe ser cierto, porque jamás hemos visto a Mayor Oreja visitar Libia ni a Gil Lázaro comiendo dátiles del desierto, pues lo suyo es faisán a la hora del desayuno, de la merienda y de la cena. Menos mal que aquí, desde Andalucía, los totales de Javier Arenas ganan por goleada al inexistente Griñán, marginado por completo en la pequeña pantalla. Pero la fuerza comunicativa del de Olvera, comparable a la de Felipe González, tal vez no baste para estos momentos especialmente críticos e indefinidos.
La política se parece bastante al tenis, donde la victoria pasa tanto por los aciertos propios como por los errores del contrario. Y aunque el PSOE está desde luego haciendo todo lo posible para perder, el PP debería ser capaz en sí mismo de cristalizar una expectación compartida y colectiva de una alternativa que por ahora no se aprecia con nitidez. Las encuestas le han puesto a los populares el listón demasiado alto y con las elecciones municipales nunca se sabe porque interfieren bastante los factores locales. Por tanto, si los socialistas vuelven a ganar, aunque sea por la mínima, toda la tensión y la congoja que los acucia cruzará de acera. Basta ver el perfil bajo de las listas de los dos grandes partidos en Sevilla para comprobar el estado de canguelo. Y por supuesto, si no se adelantan los comicios autonómicos, la oposición deberá presentar a finales de octubre una moción de censura. No para vencer, sino para convencer. De lo contrario, hasta Arenas perderá su habitual protagonismo televisivo en favor de Rubalcaba, Chacón o los que vengan.