Otra silla vacía en el Sajarov

En poco tiempo dos sillas vacías para honrar a los que luchan por los derechos humanos. El viernes en Oslo, hoy en Estrasburgo. Entonces por el bloqueo de China, hoy por el portazo de Cuba a la salida de Guillermo Fariñas, quien debía recibir hoy el premio Sajarov a la Libertad de Conciencia en el Parlamento Europeo.

Otra silla vacía en el Sajarov
Otra silla vacía en el Sajarov

El disidente no podrá acudir finalmente a recoger el galardón, a pesar de las presiones de la propia institución, encabezadas por su presidente, Jerzy Buzek. El vacío dejado por Fariñas lo ocupará un mensaje de audio grabado, que escucharán los eurodiputados a la 1 de la tarde.

Ésta es la segunda vez que los Castro no permiten recoger a la disidencia el premio Sajarov. Hace cinco años, tampoco lo hicieron con las Damas de Blanco, el colectivo de mujeres de los prisioneros arrestados en 2003, aunque sí autorizaron al también opositor Oswaldo Payá a recoger el galardón en 2002.

Ante la previsión de la negativa del régimen, el presidente polaco envió una carta el pasado viernes en la que avisó que la autorización por parte de la isla «podría tener un impacto positivo no sólo en la cámara sino también en las relaciones UE-Cuba». Tras el rechazo de La Habana, Buzek pidió a la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, que «tome nota» de la reacción cubana en el nuevo capítulo en las relaciones bilaterales que la UE intenta abrir con Cuba. Tras las presiones de España, sobre todo de la prioridad dada por el ex ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos, los Ventisiete accedieron a explorar un nuevo marco de las relaciones entre a través de unos contactos que dirige Ashton.

Pero la británica, que acostumbra a posicionarse en asuntos que escapan incluso a la atención de los periódicos, ha guardado silencio sobre el bloqueo de Cuba a la salida del periodista para recoger el único premio que otorga la UE a las libertades fundamentales. Según una portavoz de la Alta Representante, «éste es un premio del Parlamento y son instituciones diferentes».

A esta preocupación por diferenciar la entrega del premio de los contactos, para no inmiscuirse en un asunto que irrita especialmente a La Habana, se sumó la ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez. «Son cuestiones diferentes», opinó ayer en Bruselas. La canciller española destacó que hubiera sido «conveniente por razones humanitarias» que los cubanos hubieran dado el permiso, pero rechazó que el bloqueo a la salida de Fariñas para recoger el reconocimiento por su labor deba ser tenido en cuenta en el acercamiento entre Bruselas y La Habana. En su lugar, subrayó la liberación de los 54 prisioneros políticos por parte del régimen.

Hasta ahora, los contactos entre la UE y Cuba se han mantenido al nivel de altos funcionarios. Hace dos semanas, una delegación del equipo de Ashton se trasladó hasta la isla para hablar con el régimen. Se espera que la jefa de la diplomacia europea presente sus conclusiones durante el próximo Consejo de Ministros de Exteriores en enero.