Serafín Quero: «Si un alemán se decidiera a asaltar un tren compraría antes el billete»

Su libro «Alemania. 70 Estampas» es una mirada propia de la realidad alemana, tan «jibarizada» por la selva económica. «Es el país donde resulta imposible la traducción de ‘13 de mayo' de Rafael de León», asegura

Con la ley antitabaco hemos superado a los alemanes en rigidez. Es  sorprendente
Con la ley antitabaco hemos superado a los alemanes en rigidez. Es sorprendente

SEVILLa- Lubistch, berlinés por accidente, dijo que había, al menos, dos París: uno, el de la Metro Goldwyn Mayer; y otro, el de la Paramount. Alemania ha acentuado esta doble visión, pero no en un estudio americano, sino en la prensa europea, que responde a mil intereses. Alemania es, según el versículo diario, admirable, racional y cumplidora; pero también tiránica, castradora y estúpidamente insensible al estilo de vida del «mezzogiorno». Una fábrica de tuercas contra una puesta de sol. Sobre los alemanes se ha impuesto, para aliviar nuestra última década de ladrillo y política, una porción de la culpa española. Aquellos sesenteros tiempos de los «gastarbeitern» con los salchichones en la maleta de cartón camino de un futuro en Renania, han llegado al nuevo siglo con otros muchachos. Españoles de zapatillas deportivas y sangre de bites, cogiendo aviones «low cost» para alcanzar uno de los 800.000 empleos cualificados que, según el Ministerio de Educación, ofrecerá el estado germano en los próximos años. Ante la dieta informativa polisaturada de datos (primas, deudas, pagos cruzados, bancos: la realidad en la píldora de las cifras), se agradece mucho «Alemania. 70 Estampas». Un libro de mirada limpia, con otras tantas viñetas que el malagueño Serafín Quero ha extraído de la observación directa, desde el teñido moreno de las rubias alemanas a la puntualidad de los tranvías, mayor que la de los propios viajeros. Profesor de lengua en Dresde desde hace más de veinte años, su óptica enriquece más que el bono alemán, del que no podríamos extraer sus –las del autor– siguientes conclusiones: «Alemania es una mujer guapa que puede llegar a morirse sin que nunca se lo hayan dicho; es la imposible traducción de la copla ‘Trece de mayo' de Rafael del León; un ladrón que compra el billete cuando va a atracar el tren».

Ante la obviedad de que Merkel es alemana, se cierne la sombra de que quizá, como muchos de sus compatriotas, sea una alemana demasiado alemana. Para Quero este matiz «del demasiado» no es intercambiable con la impronta de otros pueblos: «Andaluces, maños o franceses pueden ser demasiado andaluces, maños o franceses. Cuando se afirma que los alemanes son demasiado alemanes, se quiere dar a entender que si exageran su modo de ser, puede ser arriesgado para ellos o para los demás. Que un andaluz sea demasiado andaluz no supone ningún riesgo, al contrario, puede ser una suerte. Que un alemán sea demasiado alemán, ya es otra cosa. Ya decía Ortega y Gasset que a los alemanes les faltaba el ésprit de finesse de Francia. Esto no quiere decir que no sean educados y respetuosos. Un punky alemán ve un semáforo en rojo y se cuadra».

En la tarea de desentrañar la idiosincrasia del alemán, el autor descarta la incidencia del mal tiempo y la falta de sol, desmintiendo a Pla, que decía lo de que «todos somos animales climáticos». «No creo –sostiene Quero– que el clima sea determinante en el comportamiento de los alemanes. Los rusos tienen un clima más severo que el alemán y son más alegres y comunicativos que los alemanes».

El idioma
Cela dedicó un artículo a la frase checa «Strc Prst Skrz Krk» (que claramente significa «meto el dedo en la garganta»). En aquel artículo, publicado en ABC en 1994, Cela hacía de Cela: «Yo siempre admiré mucho a los daneses, personas que lograban entenderse y vivir en danés, idioma que más que una lengua es una enfermedad de la garganta, pero ahora amplío tanto mi admiración como mi respeto a los checos, seres que son capaces de silabar palabras sin vocales». El nobel escribió la pieza a instancias de Quero, que le mandó la frase en checo, dispuesto a combatir el ataque de Mark Twain. El escritor americano inventó que en un hospital en las cercanías de Hamburgo estaban operando a un hombre porque se había atragantado con una palabra de trece sílabas. Quero responde: «No creo que el idioma les reste popularidad, a pesar de su compleja gramática y de que sus palabras parezcan procesiones alfabéticas. Es verdad que el alemán hablado por hombres suena algo militar; hablado por mujeres llega a tener cierto encanto. No tiene razón Mark Twain, reírse de un idioma es reírse de la historia y de la cultura de un pueblo».

La llegada del profesor a Dresde estuvo marcada por el valor opuesto que se le concede al tiempo en Alemania y en España:«Yo tuve que comprarme una agenda y cuando alguien me proponía un café o una comida, hacía el paripé de consultarla, aunque no tenía nada escrito, pero así me daba importancia y ganaba prestigio». En este espejo de estereotipos ibérico-germánicos, Quero concluye: «Lo mismo piensan de nosotros un catedrático o un taxista. Recientemente, Der Spiegel recomendaba a los españoles no dormir la siesta para superar la crisis. Piensan que el español está siempre de fiesta, no trabaja, come paella y baila flamenco».

 

CURRO JIMÉNEZ Y EL TABACO
Pues sí, el bandolero interpretado por Sancho Gracia es un icono español, especialmente en el territorio de la antigua RDA, donde la serie se programaba en los primeros ochenta. En aquellos bloques, con la información racionada tanto como los televisores, los vecinos quedaban para ver en grupo, también con el comisario político del bloque, la peripecias serranas del Algarrobo. «Si los viajeros románticos como Merimée viajaran hoy día a España, encontrarían un país muy distinto al que vieron en el siglo XIX, sobre todo en la gastronomía. Recuérdese lo mal que habló Alejandro Dumas sobre la cocina española. El cocinero Amador, de origen granadino, ha triunfado en la gastronomía con las tres estrellas Michelín de su restaurante de Mannheim». España ha logrado ser más severa que Alemania en la restricción del consumo del tabaco: «En este tema son los más tolerantes de Europa. Cada Länder tiene su propia ley, que es desarrollo de una ley federal. En Dresde, por ejemplo, en muchos bares y hoteles se fuma. Fumar o no fumar depende del dueño. Los hemos superado en rigidez. Sorprendente».