La corona vende sus siete fantasmas

Se dice que el Palacio de Kensington está encantado, y la familia real inglesa ha decidido sacarle provecho. La residencia londinense de los duques de Cambridge, el príncipe Guillermo y Catalina Middleton, ofrecerá tours por el emblemático edificio en las noches que rodean la festividad de Halloween.

El príncipe Enrique, de juerga
El príncipe Enrique, de juerga

Los que tengan agallas y curiosidad podrán acercarse para conocer la historia de los fantasmas que habitan la casa desde que el rey Guillermo III y su esposa María Stuart la compraran en 1689.

Aunque Kate ha traído aire fresco a la corona, todavía debe lidiar con viejos fantasmas. Las historias que los celadores han ido relatando y anotando en los cuadernos de registro incluyen informes de gritos, golpes y avistamientos de fantasmas. Los que decidan pagar los 14 euros que costará la entrada podrán conocer las historias de la reina María II y «Peter the Wild Boy» («Pedro el Niño Salvaje») y ver el espeluznante espectro que siempre vigila desde una de las ventanas. Además, hay un tour especial que relata las vidas de las siete princesas que han vivido en el Palacio de Kensington desde el siglo XVII: la reina María II, la reina Ana, la reina Carolina, la princesa Carlota, la reina Victoria, la princesa Margarita y hasta la mismísima princesa Diana de Gales, que se mudó a la mansión londinense tras su boda con el príncipe Carlos.
Guillermo y Catalina pasarán la mayor parte de este año en su residencia principal, en Anglesey.

Sin embargo, está previsto que los recién casados se trasladen a Londres el año que viene, razón por la que la duquesa de Cambridge ya ha empezado a decorar la casa con cojines y velas aromáticas para que resulte más acogedora. Aun así, hay habitaciones que permanecen cerradas mientras se lleva a cabo una reforma de casi 14 millones de euros, que se espera esté completada para el Jubileo de la Reina en 2012, cuando Isabel II cumplirá 60 años en el trono de Reino Unido.

Quizá los «tours fantasmales» estén encaminados precisamente a financiar esta remodelación, sobre todo tras la reciente reducción del presupuesto de la casa real británica en un 14 por ciento.


Enrique y su gran juerga croata
Ni la flema británica ni los remilgos de la monarquía pueden frenar su espíritu fiestero. Si el príncipe Enrique tiene un don destacable, es el de sacar los colores a la familia real inglesa. Su última juerga la ha celebrado en una discoteca de Croacia situada en la isleña ciudad de Hvar.
Como si de un pirata se tratase, el hijo menor de Lady Di llegó a la isla el domingo pasado en su barco, escoltado por cinco guardaespaldas y con una quincena de amigos, dispuesto a tomar la localidad. Y no tardó en hacerse notar: bebió, bailó descalzo y hasta se zambulló en varias ocasiones en la piscina de la discoteca en la que se encontraban de copas. Eso sí, tuvo la prudencia de darse los baños vestido. La discreción, desde luego, nunca fue su fuerte y un reportero del diario croata «Jutarnji list» siguió al turista «real» hasta que, de pura insistencia, consiguió que Enrique le invitase a tomar con él varias copas de vodka y whisky. El periodista relató que, en un momento de la noche, el nieto díscolo de Isabel II le soltó con cierta altivez: «Ahora puede contar a todos que bebió con un príncipe», y después confesó que se lo estaba pasando «estupendamente» en Croacia.