Las bolsas ponen la diana en la banca y los índices se derrumban

Enésima jornada de caídas para la renta variable europea, que se desangra con volatilidad disparada con los bancos en el centro de la diana. Como trasfondo, el temor a una segunda recesión, el «coco» de los mercados, sólo meses después de que los líderes políticos declararan que la recuperación económica ya había comenzado

Los inversores volvieron a optar ayer por las ventas en las principales plazas europeas
Los inversores volvieron a optar ayer por las ventas en las principales plazas europeas

La posibilidad de un retroceso del mundo desarrollado, que podría dibujar una «W», es el futurible escenario que más está influyendo en los movimientos de los inversores. Hasta el próximo verano, será muy difícil que la cosa cambie a mejor, según los pronósticos.

El jueves fue Morgan Stanley el que liquidó sus optimistas previsiones sobre el crecimiento de EE UU, y ayer JP Morgan y Citigroup se sumaron al carro del pesimismo soberano recortando sus pronósticos para la primera economía del mundo. El banco de inversión fue el más cruel con Norteamérica, ya que redujo en un 60% –del 2,5% al 1%– sus expectativas de aumento del PIB estadounidense para el presente ejercicio. En el primer trimestre de 2012, EE UU logrará un crecimiento del 0,5%.

Por su parte, los analistas de Citigroup rebajaron su previsión de crecimiento del PIB de EEUU para 2011 hasta el 1,6%, frente al 1,7% anteriormente calculado, mientras que el empeoramiento de las expectativas es más notable de cara a 2012, para cuando pronostican una expansión del 2,1%, seis décimas menos de lo previsto anteriormente.

Fracaso franco-alemán

La vitoreada y esperada reunión de Merkel y Sarkozy, en la que parecía que se iba a solucionar el problema de la deuda en la eurozona, fue interpretada por el mercado como un sonoro fracaso a nivel comunitario. El rechazo a los eurobonos y el anuncio de una tasa sobre las actividades financieras pesaron como losas en el ánimo de los inversores, que entienden que los dos líderes de los principales países europeos perdieron una oportunidad dorada para inyectar confianza en la zona monetaria del euro.

La lectura que hacen los analistas del encuentro es que no fue una cumbre para todos los países del euro, sino, principalmente, para salvaguardar los intereses de Francia y Alemania. Ésto contrasta con las bondadosas voces escuchadas en los últimos meses, que hablaban del futuro de la moneda como el fin más inmediato de todas las medidas tomadas y por tomar. Que sea cosa de dos no cumple con la tónica anunciada.

Para colmo, esta semana se conoció el enfriamiento de la economía germana, locomotora europea que no parecía tener freno. Grecia reconoció ayer que su economía se contraerá más de un 4,5% este año, por encima del 3,8% inicialmente pronosticado, según aseguró el ministro de Economía, Evangelos Venizelos.

El papel del banco central

Con estos mimbres, resulta paradójico que el Banco Central Europeo (BCE) decidiera subir los tipos de interés al 1,5% hace un mes y medio amparado, como siempre, en la lucha contra la inflación. El modelo de crecimiento actual, que apenas ha variado pese a la crisis, se basa en el crédito, y el aumento del precio del dinero impacta de forma negativa en la concesión de préstamos.

El organismo que dirige la política monetaria de 17 países no ha seguido los pasos de la Reserva Federal (Fed), que mantuvo los tipos de interés próximos a cero por un «periodo prolongado» de tiempo con el objetivo de estimular una economía que ya nadie sabe como hacer despegar. La presión de los mercados podría obligar al banco central estadounidense a realizar una tercera inyección de liquidez («Quantitative Easing 3» o «QE3») para devolver la confianza a la banca y, por extensión, a todo el sistema productivo estadounidense.

El sector se ahoga

Los rumores de problemas en el mercado interbancario europeo se vieron incrementados después de que la Fed anunciara que está investigando la posición de liquidez de las filiales de entidades norteamericanas en el viejo continente. Además, una entidad, probablemente francesa, pidió un préstamo histórico de 5.000 millones de euros al BCE ante la imposibilidad de captar fondos por los mecanismos tradcionales. La financiación de las entidades europeas está actualmente en la cuerda floja, y los cálculos más recientes indican que necesitan 80.000 millones de euros más.

Como consecuencia, las entidades capitalizaron ayer todas las pérdidas. Todos los índices europeos recortaron su cotización con un descenso medio del 2%, y el Ibex 35 despidió la semana con un recorte del 5,84%, por debajo ya de los 8.200 puntos. En lo que llevamos de mes, la caída es del 15,5%, mientras que respecto al año anterior, el principal selectivo corrige el 17,42%.

Ahora es cuando los analistas recuerdan las aciagas sesiones que sucedieron a la caída de Lehman Brothers. Entonces, el problema fue la exposición a las hipotecas «subprime» y demás activos tóxicos, y ahora la desaparición de la liquidez. Cuatro años de crisis, más otros dos que quedan, y los principales dirigentes no han encontrado la solución al rompecabezas.


El mercado de deuda se toma un respiro
En plena tempestad bursátil, el mercado secundario de deuda soberana dio ayer un respiro a los países con más problemas de financiación, como España o Italia, y los intereses de los bonos a diez años apenas variaron. El interés transalpino y el español despidieron la sesión en el mismo nivel (4,96%) mientras que Alemania y EE UU se mantuvieron cerca de los mínimos alcanzados en la víspera (2,03% y 2,05%, respectivamente). No fue una jornada con mucho movimiento, a diferencia de lo ocurrido en la renta variable europea.