África

Conciertos

El karma de Vampire Weekend

Confirmado: por primera vez en mucho tiempo no hubo que esperar infinitos minutos en la cola del servicio; ni abrirse a empujones en una barra para adquirir un «mini» de cerveza al precio de 7 euros; ni, lo más importante, tener que marcar el territorio para disfrutar de un concierto sin desviar la mirada de las pantallas gigantes.¿De verdad estamos en Benicàssim?

El karma de Vampire Weekend
El karma de Vampire Weekendlarazon

No nos engañemos. Encontrarse semivacío el recinto de la N-340 va ligado a una sensación de «bajón», por más que este año las montañas rusas sirvan de distracción entre concierto y concierto. Sin embargo, que le pregunten a un seguidor de Los Ilegales, la principal «rara avis» de esta edición, cómo vio su actuación en el escenario FIB Club. Y es que a nadie puede extrañarle que una banda como la liderada por Jorge Fernández se quedara en familia en un festival que, este año, ha introducido un «fish and chips» para que la parroquia británica se sienta como en casa. El FIB cada vez recuerda más a Mallorca. La jornada del viernes constató que hay formaciones que funcionan mejor en disco que en directo. Y viceversa. Fueron los casos de Julian Casablancas y Hot Chip. El primero, liberado del peso de The Strokes, no emocionó pese a que «Phrazes for the Young», su primer trabajo en solitario, contaba con material para ello. Una actuación correcta, con los esperados guiños a la banda neoyorquina, sirvió al menos para saciar la sed de rock de un festival cada año más volcado en la electrónica. Los segundos ofrecieron una de las actuaciones más celebradas de la noche. Hot Chip llegó con la intención de hacer bailar al personal y lo logró. La vitalidad de los miembros de la banda, en la que todos tocaban de todo, su aspecto reñido al de la «rock star» al uso y la efectividad de temas como «Over and over» provocaron que hasta los más escépticos lamentaran el final de una actuación larga que se hizo corta. Poco después, Alison Gold-Frapp y sus lentejuelas pusieron un punto festivo, pero menos sofisticado. No faltaron sus «hits». Todas las miradas estuvieron puestas en Vampire Weekend. Defendieron la propuesta más original del festival. Sus ritmos remiten a África, pero podrían pasar por hindúes debido a ese karma positivo que derrochan en escena. La escasez de decibelios provocó que la voz de Ezra Koenig no luciera como prometía, pero canciones como «A-Punk», «Mansard Roof» y «Horchata» –esta última especialmente emotiva para los escasos valencianos presentes– constituyeron algunos de los momentos álgidos de la noche. Con todo, su próximo disco será el que dictamine si perduran o no en la memoria. Prodigy, formación más veterana, y bastante más agresiva, lideró con su techno-punk la jornada de ayer, que bien podría ser la más ecléctica del festival: del «ska» de The Specials al espíritu «rave» de Klaxons, pasando por el «power pop» de Ash o la electrónica, con un punto chulesco, de Ian Brown, cuyo paso por los extintos Stone Roses continúa despertando nostalgia. La aportación nacional corrió a cargo de los toledanos Sunday Drivers, aunque por estilo y actitud bien podrían pasar por británicos.