Miami

Loquillo: «Por qué subvencionar a un músico consagrado»

En los años 90, Loquillo empezó a volar solo. Desecho el tándem con Sabino Méndez, busca su sitio. Entonces publicaba con EMI, en una época «atroz y muy dura, en la que pasamos de estar en lo más alto a no estar». Son los años oscuros para Loquillo y los Trogloditas.

Loquillo: «¿Por qué subvencionar a un músico consagrado?»
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En aquel momento el director artístico del sello era Simone Bosé. «Defendió mi música y le echaron por eso», decía ayer Loquillo sobre su compañero de mesa, que hoy es presidente de la división española de la multinacional. El sello reedita y remasteriza cuatro álbumes tal y como fueron concebidos, con las maquetas originales, junto a las versiones que se publicaron. Ayer recibió un disco de diamante con la barbilla levantada. Hay quien dirá que es arrogante, pero lo suyo es pura actitud.

-Para un músico en activo, ¿dan mal fario las reediciones?
-No, demuestra que las historias, a veces, acaban bien. Me siento muy honrado de ser el primer músico en España que puede ver las reediciones de su obra tal y como él las había concebido. Porque cuando editábamos en vinilo publicabas 11 de las 15 canciones que tenías, con lo que el concepto del disco se perdía. Y luego el cd lo empeoró todo, porque había que meter de relleno más temas de los que se debían, con lo que también se perdía el concepto.

-Aparece mucho material inédito.
-Guardo todo el que puedo porque creo que lo importante es mantener el secretismo, hacer leyenda y luego revelar la versión verdadera. Además, soy de los pocos que hacen una cosa: llevarse bien con las discográficas. Me entiendo con Warner, que es la actual, y con EMI, que es la anterior. Con las dos puedo trabajar y no caer en el tópico de parvulario de estar a la guerra con ellas.

-Le debe mucho a Simone Bosé...
-Es curioso cuando las historias se dan la vuelta. Le echaron por defendernos y ahora preside la compañía. Pero también le debo estos discos a Gay Mercader. Él hizo mucho por nosotros. Se enfrentó a las radiofórmulas, que exigían que les cediésemos un 50% de los derechos de autor por hacernos sonar, y, en esa época, si no sonabas en la radio, no existías. Pues desde 1993 no sonamos en las radios y aquí estamos. Otros cedieron y están acabados. Y también se enfrentó a las discográficas que nos pedían condiciones leoninas. Los 90, en muchas cosas, fueron una travesía en el desierto. Pero lo importante es el artista.

-Es rockero durante tres décadas. ¿Tiene ética de trabajo?
-Vengo de una familia donde eso es muy importante, me enseñaron a valorarlo. Hoy protestan por la falta de oportunidades en las plazas de las ciudades, y eso es algo que me tocó vivir. Les entiendo, porque cuando era joven no había trabajo y la universidad era para ricos. No es la misma situación, pero en muchas cosas ambas épocas serían vasos comunicantes. La nuestra fue dura y arriesgada, pero coherente. He llegado hasta aquí por creer en mí mismo.

-¿El rock and roll ya no es peligroso como movimiento?
-Yo vengo de la crisis del 73 y entonces había banda sonora. Ahora no. No sé dónde están los grupos jóvenes, no entiendo cómo no están protestando contra todo, pero si la única opción es Manel, mal vamos. También es absurdo que esto lo haga un tipo de cincuenta como yo. No es mi papel, y además sería malo, porque no soporto a esos músicos que se creen portavoces generacionales de la gente de 20 años cuando tienen más de 60. No lo puedo entender. A mí nunca me ha gustado ponerme detrás de una pancarta, y eso que tengo compañeros de profesión que lo han hecho mucho y muy bien, y han cobrado por ello. Cuando alguno de ellos me dice que va a cambiar el mundo, me agarro la cartera.

-¿Falta actitud en el rock español?
-No hay nadie mejor que yo en un escenario en el rock español. Simplemente pertenezco a una especie en extinción. Y listo. Porque quizá mi bagaje musical y mi historia personal e influencias vienen del siglo pasado y tengo claro que las cosas no seguirán iguales a partir de ahora, y que yo finiquito una manera de entender el escenario, la actuación, las formas. En mi casa crecí escuchando a los Sílex como si fuera algo de familia. Tengo referencias de los grandes y les reconozco como maestros.

-Algunos artistas se quejan de que los Ayuntamientos ya no promueven conciertos. Con la crisis, será peor.
-Debemos abandonar por completo la idea de que los ayuntamientos sirvan para eso. Así de claro. Será divertido verlo. Hay algunos que viven muchísimo de eso. Yo estoy a favor de que no existan subvenciones y que el que quiera algo, que se la juegue. Que el dinero público, en todo caso, vaya a la creación en el sentido puro para la gente que está empezando. ¿Para qué pagar por un artista consagrado?

-¿No pide nada para usted?
-No. Casi todas las giras las movemos solos. En el porcentaje más alto de galas, nosotros somos empresa. La barbaridad de dinero que se ha pagado por atistas, ya no españoles, sino extranjeros, da para pensárselo mucho. Son presupuestos que ayudarían para muchas cosas.

-¿Qué papel ocupa hoy la cultura y la música más especialmente?
-Se sigue pensando que es divertimento, pero esto es un oficio. Se está invitando a los creadores a irse de España, y como sigamos así, van a venir los de Miami y será lo único que tengamos. Pero de mis compañeros de profesión espero muy poco como colectivo. Iré a la mía.

-Lleva desde finales de los 70. ¿Algún balance?
-Que todavía no he dicho todo lo que tenía que decir.