CRÍTICA: «Lope» El pecador impecable

Director: Andrucha Waddington. Guión: J. Gasull e I. del Moral. Intérpretes: Alberto Ammán, Pilar López de Ayala, Leonor Watling, Juan Diego, Luis Tosar. España/Brasil, 10. Duración: min. Drama

«Desmayarse, atreverse, estar furioso / áspero, tierno, liberal, esquivo / alentado, mortal, difunto, vivo / leal, traidor, cobarde y animoso…». Así define Lope de Vega el amor, y con estas palabras termina la película de Andrucha Waddington, que intenta adaptar el esquema argumental de «Shakespeare in Love» a los años mozos del llamado Félix de los Ingenios, aquellos en los que no sólo empezó a desplegar su talento como prolífico dramaturgo, capaz de enmendarle la plana al mismísimo Cervantes, sino también a convertirse en atractivo héroe antisistema y a seducir a dos mujeres que son como la noche y el día, y encarnan el amor oscuro y el amor luminoso. El amor, pues, es el protagonista de una carta de amor a la libertad creativa que aspira a ser moderna a partir del realismo de su recreación de época –nunca un conquistador había lucido uñas tan sucias– y del naturalismo desafectado de sus interpretaciones.
El esfuerzo de producción es notable, y convence en su objetivo de retratar el Madrid de finales del siglo XVI como un lugar donde sólo las doncellas cumplían las mínimas normas de higiene. Más discutible resulta el trabajo de los actores: Alberto Ammán se esfuerza demasiado en ser héroe, galán y hombre de honor, y todo el rato parece perseguir un papel que se le escapa. Pero la peor parte se la llevan las actrices: ni Pilar López de Ayala ni Leonor Watling logran romper la rigidez de cartón-piedra de los arquetipos que encarnan, carentes de todo misterio.