La reforma de las pensiones de Sarkozy frente a la última huelga

Los sindicatos franceses libran esta semana el último asalto en su batalla contra la reforma de las pensiones del Gobierno de Nicolas Sarkozy. Tienen depositadas todas sus esperanzas en la jornada de protestas prevista para mañana

El Gobierno francés descarta riesgos de desabastecimiento en los aeropuertos
El Gobierno francés descarta riesgos de desabastecimiento en los aeropuertos

La séptima convocatoria de huelgas y manifestaciones desde principios de septiembre y en la que esperan marcar un récord de movilización justo un día antes de que el Senado galo vote el tan criticado proyecto de ley que retrasa en dos años, de los 60 a los 62, la edad legal de jubilación.

 Esa votación no significará todavía la adopción definitiva de la ley, pues ambas cámaras del Parlamento deberán pronunciarse en la semana del 25 de octubre en una segunda lectura, pero su aprobación por los senadores marcará de algún modo el final de la partida.

A partir de esa fecha, la aparentemente inquebrantable unidad sindical podría empezar a fisurarse. Sobre todo porque el matrimonio que forman la CGT y la CFDT, las dos principales centrales galas, enfoca de distinta manera la continuación del movimiento de protesta. Los primeros apuestan por dar alas a la radicalización de las protestas; los segundos admiten haber llegado «al máximo de sus posibilidades» y estiman que una vez aprobada la ley la situación cambiará sustancialmente.

Bloqueo de transportes

Pero, hasta el miércoles, Francia aún tiene tiempo de paralizarse. De hecho es lo que busca la base sindical en sectores como la energía o los transportes. Al temor por la falta de carburante en los próximos días debido a la huelga en las refinerías de petróleo se suman, a partir de hoy, las amenazas de camioneros y transportistas, quienes prevén «acciones selectivas» que dificultarán los desplazamientos interiores por carretera y las conexiones con España, pero también en los grandes centros de distribución, plataformas logísticas y áreas industriales, que podrían conducir a un bloqueo del país. Si la mayoría gobernante conservadora confía en que tras el voto en el Senado la presión se rebaje, temen que la protesta radical, avivada por el movimiento estudiantil, escape al control de los propios sindicatos.