Exteriores convoca al embajador iraní tras la detención del cónsul español

Las Fuerzas de Seguridad iraníes reprimieron con gas lacrimógeno la multitudinaria marcha en el centro de Teherán, inspirada por las revueltas de Túnez y Egipto y que desafiaba la prohibición de las autoridades. «Había miles de personas en la calle, pero los cuerpos de seguridad han disparado con gas lacrimógeno cerca de la plaza Imán Husein», explicaron los testigos

Fotografía de los incidentes ocurridos ayer en Teherán tomada por un manifestante anónimo
Fotografía de los incidentes ocurridos ayer en Teherán tomada por un manifestante anónimo

Moshen Asgari, productor de la cadena BBC, aseguró por su parte que los manifestantes corearon el grito de «Muerte al dictador» y que se vivieron momentos de «auténtico caos». Al menos una persona murió por arma de fuego y numerosos más resultaron heridos durante los enfrentamientos, según la agencia Fars. El medio afirmó que la víctima mortal era «un ciudadano que paseaba» y acusó de la muerte a miembros a «Monafeghin» (hipócritas), expresión con la que el régimen iraní se refiere al grupo opositor en el exilio «Muyahidin Jalq» (Combatientes del Pueblo).

La Policía y las violentas milicias del Baji, la élite de la Guardia Revolucionaria, practicaron docenas de detenciones. Entre ellas la del cónsul español en Teherán, Ignacio Pérez Cambra, quien fue abordado cerca de la embajada por seis agentes de paisano. Trasladado a una Comisaría para extranjeros, fue puesto en libertad cuatro horas después.

El Ministerio de Exteriores convocó al embajador de Irán en España, Morteza Saffari Natanzi, en señal de protesta por la «inaceptable» y «muy grave» detención de Pérez Cambra. Nada más tener conocimiento de la detención del diplomático, sobre el que las autoridades iraníes «no han presentado ningún cargo», Exteriores convocó al embajador de Irán en Madrid para pedirle la inmediata liberación de Pérez Cambra. El embajador iraní fue recibido por el director general para Oriente Medio, Juan González Barba. De forma paralela, la Embajada de España en Teherán remitió al Ministerio de Exteriores iraní una nota verbal en la que muestra su malestar por los hechos.

Es la primera vez desde junio pasado que la oposición reformista iraní sale a las calles. La marcha de ayer había sido convocada a través de internet por el ex primer ministro y líder opositor Mirhosein Musavi. Prohibida por el Gobierno, participar en ella puede suponer la cárcel, la tortura o, incluso, la muerte. Aun así, varios miles de iraníes, muchos de ellos acompañados por sus mujeres e hijos, desafiaron la represión.

El régimen, que se había felicitado por «el despertar islámico de Túnez y Egipto», desplegó unidades antidisturbios y bloqueó los teléfonos móviles e internet. La manifestación, que discurría en silencio, tornó al caos tras las primeras cargas policiales. Muchos jóvenes se dispersaron por las calles adyacentes a la plaza de la Liberación formando barricadas y enfrentándose a la Policía. Mirhusein Musavi y su esposa fueron puestos en arresto domiciliario para impedirles acudir a la marcha. Además, el clérigo Mehdi Karubi fue arrestado el día 10.