Pedrea pluviométrica

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Si no fuera porque las calles están arriadas, la cosa sería para no echar gota. Antes siquiera de que se limpie el lodo de las viviendas, al Gobierno le ha faltado tiempo para anunciar en Consejo de Ministros las ayudas para las familias afectadas, con lo que de momento consigue sacar en los periódicos algo que todavía no se ha producido y que, probablemente, nunca se produzca. La medida será de «carácter inmediato», con lo que tranquilamente puede deducirse que no llegará a aplicarse. Exactamente como ocurriera hace menos de un año, cuando a estas mismas familias de Ecija y Lora –en la casa del pobre la lluvia siempre toca dos veces– se les prometió unas ayudas que tampoco han recibido. La pedrea pluviométrica del Gobierno consiste en eso, en anunciar una cantidad alzada que nadie cobra, pero intentando parecer que alguien recibe. Y lo peor es que algunos de los inundados se lo creen, como se creen cuando les dicen que van a construir un muro de contención más alto que la Torre de Babel o les explican que la culpa es de Santa Bárbara que es quien gobierna las tormentas. Y en ese caso, se trata de la pedrea municipal. Gracias a ella los alcaldes se gastan unos dineros sobre los que nunca dan explicaciones con independencia de que el problema persista después de acometidos los gastos. En el caso de Lora, les llevan anunciando un muro desde antes de que por allí pasara el río y, entre unas cosas y otras, se gastarán cuatro millones –más dos que ya se han gastado en encauzar un arroyo- a los que hay que sumar los dispositivos de centenares de personas que se movilizan cada vez que llueve, que también salen por un pico. Si hacen la cuenta, obtendrán lo que nos cuestan esas 150 casas que se inundan. Y en el caso de Écija, la sartén de Andalucía se ha convertido en una palangana con más grifos que un gimnasio sin que nadie nos explique el milagro de cómo el río desciende de siete metros a uno en tan sólo doce horas. Eso sí, los pantanos desaguan bien, los ayuntamientos y las Diputaciones actúan con eficacia y la Junta cumple con sus obligaciones, aunque no nos expliquen por qué demonios entonces se inundan siempre esas casas. A lo máximo que llegan es a que un consejero diga que la gente «se suba a las plantas altas» cuando llueve y a que otro asegure que «nunca había visto tanta agua». Estos son los lumbreras que nos alumbran, pues está claro que no nos desaguan.