Las dos Españas por María José NAVARRO

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España, ya lo saben ustedes, es un país complicado en el que la gente gusta de buscar contrincante. Las dos Españas se extienden a todo y, así, el país se divide entre partidarios de todo lo habido y por haber: café en taza contra café en vaso, taurinos contra antitaurinos, los de veraneo en playas frente a los de montaña, los integristas del jamón en lonchas ante los que osan preferirlo en tacos. La Macarena y la Esperanza de Triana, cocacola y pepsicola, colacao y nesquik, todo tiene un contrario y el español medio gusta de pronunciarse rápida y vehementemente. Curiosamente hay también en nuestra cultura parejas aceptadas por todos: patatas y aceitunas, jamón y queso, el ajo y el perejil, la chicha y la limoná o, sobre todo, Tip y Coll. Hay incluso, oh milagro, comodines que van con todo sin que nadie se rasgue las vestiduras: el pan con tomate, que lo mismo alterna con anchoas que con jamón, o la gaseosa, pareja admitida para vino y cerveza. Teniendo en cuenta el historial y el carácter patrio, estos elementos comodín son extraños y, por tanto, valiosísimos.La selección, a la que ahora llaman «La Roja», parece que por fin funciona como el pan tumaca que nadie rechaza por mucho que sea de su propio equipo. Trabajo les ha costado a los chavales, que tuvieron que ganar una Eurocopa para zanjar debates. El problema es que la afición actúa como un reflejo del resto y, así, cuando uno mira con lupa, ésta se divide en partidarios de David Villa y de Fernando Torres, de Cesc y de Silva, de Busquets y de Xabi Alonso, de Piqué y de Albiol, de Iker Casillas y de Valdés... Miren que somos cansinos, oiga.