Literatura

ETA empieza el terror

Aramburu extrae de sus recuerdos el material para un libro que le retrotrae a ese País Vasco duro, de extrarradios y algunos curas que predican el nacionalismo. La novela de un gran autor.«Años lentos»Fernando Aramburu Tusquets. 219 páginas, 17 euros.

Si «Viaje con Clara por Alemania» era un tributo a las estaciones vividas en la tierra de Angela Merkel, estos «Años lentos» (Premio Tusquets) se remontan a la infancia donostiarra de Aramburu, en el barrio de Ibaeta, en tanto que son muchos los recuerdos que le ha prestado al niño protagonista. Parece meridiana la intención del autor de ejercer de notario «ficcionador» de la historia reciente de su país y, particularmente, del escenario donde se forjaron los movimientos separatistas, los primeros atentados y la represión policial franquista. El génesis, en suma, de la sociedad vasca que ya apuntalara de forma magistral en «Los peces de la amargura». Sospecha quien esto escribe que pudiésemos estar asistiendo al origen de una saga que viajará por distintos huecos, recovecos, instantes, efemérides y perspectivas de su patria chica.

Melodía principal
Se trata de la novela de una novela. Con dos discursos alternos y consecutivos, pero capaz de suscitar cuatro lecturas diferentes. La melodía principal corre a cargo de Txiki Mendioroz, que, a petición del propio autor le envía una carta que resume su infancia desde los ocho años, cuando su madre, incapaz de criar a tres hijos, le saca de un internado de beneficencia para enviarlo con su tía a San Sebastián. Desde su perspectiva infantil irá retratando los sesenta, la pobreza de las barriadas, el esfuerzo de los obreros y el empuje de ciertos sectores del clero hacia el nacionalismo más radical, captando a adolescentes para la causa independentista. La estructura de esta «larga carta» es un tributo al léxico, composición e incluso fraseología que encuentra su referente en «El Lazarillo de Tormes», «El Buscón», de Quevedo o «La familia de Pascual Duarte»: larga misiva memorialística redactada bajo petición.

El discurso alterno configura la segunda trama. En letra cursiva, el escritor llamado Fernando Aramburu nos concede espiar su cuaderno de bitácora –ya inventado por Cervantes–: así «espiamos» los apuntes de su futura novela, enfoques narrativos, recordatorios sobre expresiones, descripciones de lugares o personajes, climatología, diálogos o escenas que enriquecen y matizan el relato de Txiki.

Esta alternancia entre historia y ficción nos conduce a un tercer nivel de comprensión: la que construye en su imaginería el ojo de quien mira. Y aún a un cuarto prisma: el fresco de una familia humilde de los sesenta que vive en el extrarradio donostiarra bajo el temor y los chismorreos. Se ven obligados a criar a su sobrino, soportar el «qué dirán» a causa del embarazo de su hija adolescente y la espantada de su otro vástago a la frontera francesa para evitar la detención por involucrarse en el activismo etarra.
Todo sin olvidar el germen separatista de un cura capaz de adoctrinar a una horda de jovencitos. Una lucha en la que Don Victoriano practicará el acoso a las familias de «malos vascos», subrogando la fe a la ideología.

Anhelos utópicos
Dice Aramburu: «Primero la literatura, después, si queda sitio, la verdad». Miente con alevosía, pues este libro es historia y ficción; realidad y metáfora. Pero siempre toma partido por la diversidad humana en contra de anhelos utópicos que aspiren a crear tribus y sociedades, basadas en una selección. Si en «Peces de la amargura» el material de los relatos era el sufrimiento ajeno, aquí es su vida y memoria la base para sus armónicos literarios. Es vasco, «lo que me ha tocado», pero, eso sí, lo lleva con bastante serenidad, acaso porque la naturaleza le «infradotó para el ardor patriótico». Texto mayor de una autor en plena madurez.

Sobre el autor
Es uno de los mejores escritores españoles que hay en la actualidad, con obras como «Los peces de la amargura», «Los ojos vacíos» o «Bami sin sombra»
Ideal para...
Conocer la historia reciente de nuestro país a la luz del microclima vasco
Un defecto
El «corto aliento», ya que se agradecería –por egoísmo lector– una distancia más larga, es decir, una novela de más páginas
Una virtud
Amén de la historia perfectamente pensada, la ingeniería de un idioma domado y cincelado a modo de rumia
Puntuación 9