El lujo de la izquierda

Elena Benarroch abre una nueva tienda en Madrid que promociona la novia de Felipe González

Elena Benarroch, el jueves, en la inauguración
Elena Benarroch, el jueves, en la inauguración

Al verla recibiendo a cada nueva visita en la puerta del local, bailando entre los invitados como la perfecta anfitriona, nadie diría que aquella mujer menuda, de rostro dulce y expresión rotunda, está en la inauguración de su tienda y es la protagonista del «sarao». Posa brevemente en el «photocall» y, cada vez que puede, le da la espalda a los flashes y monta guardia en la entrada, esperando a que otros amigos lleguen y sea su sonrisa la mejor bienvenida. Es imposible sentarse con ella más de diez minutos sin que alguien aparezca para querer llevársela. Van llegando los amigos y, con cada nueva entrada, uno se siente como en una película de Almodóvar: desfilan por allí Miguel Bosé, Antonia San Juan, Rossi de Palma, Bibiana Fernández... todos buscan el abrazo de Elena. Rodeada de los suyos, de esa familia elegida que son los amigos, Benarroch niega sentirse la diseñadora de la izquierda española. «Cada uno tiene su ideología y yo la respeto. Hay mucha gente insoportable en todas partes, yo le doy importancia a las personas», comenta la mujer que vistió a gente como Ana Belén, Melanie Griffith y Concha Velasco.


Cero ostentación
Tras ella cabalga una nube de periodistas y de empleados intentando robarle una respuesta, un segundo de atención, pero Elena se escurre. Ella siempre está viajando, incluso cuando uno la tiene enfrente. Está feliz, pletórica, y tan cómoda en su faceta de tendera-anfitriona que no hay tiempo para remilgos ni para fingir apariencias. Es jueves, y en el número 16 de la madrileña calle Zurbarán, vuelve a bullir, en todo su esplendor, el alma de Elena Benarroch, la firma que reinventó el universo de la peletería y le dio alas, para hacerla ligera. «Me costó lo mío, convertir algo ostentoso como la piel en una prenda práctica, pero la gente ha entendido que comprarse un abrigo mío es una inversión que dura, abriga y que te lo pones todos los días, no sólo para ir a la ópera», confiesa a LA RAZÓN.

Elena Benarroch perdura por «la calidad del producto, sin él no tienes nada», y ha sobrevivido a los embistes de dos crisis: la del 92 la hizo cerrar su tienda en Nueva York; la actual, su local de mil metros cuadrados en la Milla de Oro. Ahora, de regreso a su tienda, reiventó los espacios, creó un despacho con vistas a un inimaginable jardín, «mi rincón favorito», y da la espalda a la ostentación. «Esta tienda es como a mí me gusta, el lujo está por dentro, no por fuera».


- Elena Benarroch no tiene Twitter ni Facebook, pero se ha lanzado a la venta on-line: «No es el futuro, es el presente». Asimismo, en el «stock» de su tienda incluye joyas que «no tienen nada que ver con el concepto clásico». Además de las de su marido, Adolfo Barnatán, que oscilan entre los 600 y 30.000 euros, están los pendientes y collares de Felipe González, que varían entre los 500 y los 2.000 euros.