Chantaje permanente

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Los planes del terrorismo islamista para atacar a los países occidentales que consideran «enemigos del islam» no son nuevos. En todo caso, la «novedad» radicaría en la aparente inminencia de los ataques contra Alemania, Francia y Reino Unido mediante comandos que utilizarían armas pequeñas. Y la otra «novedad» sería que España no aparecería en la macabra lista de países contra los que se han planificado ataques. Pero desde el 11 de septiembre de 2001, cuando 19 yihaidistas pusieron en jaque al mundo civilizado, la amenaza está ahí.

Habrá países que critiquen a España por su individualismo al haber pagado a los terroristas para dejar de ser objetivo de sus acciones. Argumentarán, con bastante lógica, que ese dinero sirve para proveerse de armas y dinero con los que llevar a cabo nuevos ataques contra objetivos diferentes: Francia y el Reino Unido, contrarios a pagar.

 Las aspiraciones de los terroristas son claras y no van a cambiarlas por mucha política de apaciguamiento que empleen sus «víctimas» y, en cualquier momento, volverán por donde andaban, pues su voracidad es insaciable y cualquier concesión la interpretan como un gesto de debilidad que les beneficia, porque avanzan, mientras nosotros, los demócratas, retrocedemos.

La Unión Europea debe acordar una respuesta común ante los actos terroristas –independientemente de cuál sea el país atacado– desde la convicción de que hoy es uno, pero mañana será otro. La postura dividida del «sálvese quien pueda» únicamente beneficia a los terroristas, que irán chantajeando alternativamente a quien se oponga a sus intereses.