CRÍTICA DE CINE / «Black swan»: El arte con sangre entra

Director: Darren Aronofsky. Intérpretes: Natalie Portman, Vincent Cassel, Barbara Hershey, Winona Ryder. EE UU, 10. Duración: 108 minutos. Drama psicológico.

 
 

No es difícil ver en la Nina de «Cisne negro» un reflejo de la Carrie White de la célebre película de Brian de Palma: en ella confluyen una madre posesiva, un entorno ominoso y el deseo soterrado de liberarse de las cadenas del Id para encontrar un lugar en el mundo.

Pero si en «Carrie» todo ocurría en nombre de la aceptación social, en «Cisne negro» ocurre en nombre del arte: es el modo en que Darren Aronofsky percibe la expresión artística, tal como ya lo demostraban las heridas del cuerpo de Mickey Rourke en «El luchador». Hay algo de martirio y crucifixión en el recorrido de los personajes de Aronofsky, desde «Pi» hasta «Réquiem por un sueño», pasando incluso por «La fuente de la vida». Sacrificio que Nina –y, por extensión, Natalie Portman, que se entrega al calvario de este «pas à deux» infernal como si le fuera la vida– convierte en duelo a muerte con su doble encima de un escenario, en una representación de «El lago de los cisnes» bañada en sangre.

Polanski, Argento, Powell y Cronenberg también acuden a la llamada de Aronofsky, aunque todo lo que toma prestado de sus obras parece recién pintado, fresco, original. Es la intensidad de la puesta en escena –la urgencia esquizofrénica del trabajo de cámara, la comunión de la imagen con la sinfónica banda sonora de Clint Mansell, la violencia que sugiere el montaje– la responsable de que la película se transforme en una experiencia abigarrada y hermosa. No importa que el coreógrafo que interpreta Vincent Cassel nos repita hasta la saciedad cuál es el tema del filme –el arte debe ser instintivo o no ser– ni que cada elemento decorativo del dormitorio de Nina subraye su falta de madurez emocional. Aronofsky sabe transfigurar los clichés de la trama y meternos en la cabeza de su heroína, ese cisne blanco que tiene que romper el espejo para sacar a bailar a su lado oscuro.




El detalle: EMBARAZADAS Y NOMINADAS, UN BINOMIO QUE FUNCIONA
Cambia de piel y se transforma. Ha crecido también artísticamente hablando. Natalie Portman ya no es aquella niña tímida que era capaz de volver del revés el mundo aparentemente seguro, confortable y establecido de Timothy Hutton en «Beautiful girls». Ahora, la actriz, que será madre en breve, luce orgullosa su figura (en la gala de los Globos de Oro, ya en avanzado estado de gestación, fue una de las más elegantes, como demuestra la foto de la izda.) y cuenta el poco tiempo que le falta para ser madre. «Lo estoy deseando por la intensa experiencia que supone, y me hace absolutamente feliz». A la ceremonia de los Oscar en el Dorothy Chandler Pavillion acudirá en la recta final de su embarazo, el 27 de febrero. No sería la única en recoger una estatuilla (las quinielas la señalan con el dedo índice de ganadora) en estado. Recuerden si no a Catherine Zeta-Jones en 2003, que levantó el premio dorado por «Chicago» casi a punto de dar a luz (a la dcha.) con un escotadísimo vestido negro. Hollywood casi contuvo el aliento pensando que el bebé de la esposa de Michael Douglas podría venir al mundo en el patio de butacas. Por cierto, ¿habrá perdido Penélope los kilos que ganó por su reciente maternidad?