El pecado y la penitencia por Javier González Ferrari

La Razón
La RazónLa Razón

Después de conocer que Madrid y Valencia, comunidades que llevan un buen puñado de años en manos del PP, atesoraban un déficit mayor que el declarado en el mes de febrero, los socialistas han salido en tromba para descalificar de manera global la política de ajustes y recortes que, en estos cinco meses de gobierno, ha puesto en marcha Rajoy para intentar ajustar el déficit a las exigencias de Bruselas. Lo cierto es que el PSOE tiene exactamente cuatro décimas de razón, las que van del 8,5 al 8,9, pero cuatro décimas, frente a los dos puntos y medio que Zapatero nos dejó de regalo gracias a los cerca de tres años en los que tanto él como sus ministros y sus vicepresidentes, negaron la crisis y siguieron con su política de cigarras hasta que la dama de amianto de Berlín le puso la pistola de la intervención en el pecho, no dejan de ser una minucia. En la España de los años de ladrillo y pelotazo, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, porque aquí no hay un solo partido que se libre del derecho al reproche de una ciudadanía que ha vivido como veía vivir a sus políticos, sus empresarios y sus sindicatos. Así que unos tienen que soportar la penitencia de la oposición por sus muchos pecados, y otros tragarse el vía crucis buscando la dificilísima meta de la redención. Pero el rasero no puede ser el mismo a la hora de medir las responsabilidades de unos y otros por lo que el PSOE, que ha dejado pufos descomunales como el de Castilla La Mancha, o a millones de familias con una mano delante y otra detrás gracias a un paro que creció de manera exponencial gracias a sus políticas de contemporización, cuando no de puro compadreo, con los sindicatos, debería volcar sus energías en cumplir la penitencia impuesta por las urnas y, sin dejar su papel de oposición, tener un poquito de pudor. La demagogia y la agitación y propaganda, ni crean empleo ni multiplican los panes y los peces.