Literatura

El placer de la lectura

Autor: Jean-Claude Brisville. Traducción: Mauro Armiño. Dirección: Josep Maria Flotats. Reparto: Helio Pedregal, Eleazar Ortiz, Daniel Muriel. T. Valle-Inclán. Madrid 

«Hoy en día ya no se puede escribir por mero placer». Ante tan lapidario argumento salido de la boca de Osvaldo en «La mecedora», la tercera incursión de Josep Maria Flotats en el universo de palabras de Jean-Claude Brisiville, uno se pregunta si al bueno de Jerónimo, el director literario de una gran editorial, le queda mucho más por tratar con el tiburón ágrafo que lo ha puesto en la calle. Cosmogonías opuestas, uno representa el intelecto, el saber y la paciencia. Es, por desgracia, una especie en extinción. El otro, las prisas, las cuentas de resultados, los sillones de diseño y el papel que se autodestruye para que los «stocks» tengan mayor rotación, hallazgo genial y aterrador de un texto autobiográfico con el que Brisville saldó cuentas con el mundo editorial en 1981.
Paréntesis: hemos cambiado poco y a peor. Como en «La cena» y «Encuentro de Descartes con Pascal joven», el autor cautiva con su prosa temperada y sus cruces afilados de educadas malquerencias. Como en los anteriores, Flotats dirige con exactitud de cirujano a su reparto pero se deja llevar por su amor por la palabra. El excelente director de actores ya debería saberlo: el teatro necesita algo más que el idioma en plenitud. Eso lo ofrece la lectura, muy grata, del texto. Al menos, su trío actoral cumple a la perfección: que Helio Pedregal esté «flotatsizado» en sus ademanes y entonación no empaña un papel redondo, sentido e irónico. De Osvaldo se puede decir poco: es un mal bicho que encima apenas habla. Pero Eleazar Ortiz le aporta con ingenio las miradas frías y el aire de yuppie desdeñoso. Daniel Muriel redondea con acierto el papel del joven e idealista ilustrador. Hay esperanza, al menos en la juventud, nos dice Brisville.