Basura- Basura por Pedro Alberto Cruz

La Razón
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La confusión en la que vivimos –y en la que nos hacen vivir- genera tantos acontecimientos dispares y disparatados, que es difícil mantener la atención centrada en uno de ellos y, así, comprender un poco, tan sólo un poco, lo que sucede, nos sucede y hacemos suceder. Poco importan motivos, razones, causa y consecuencias; todo se mezcla, todo se presenta desde la parcialidad y el autoengaño (engañar a los demás es tan usual que no merece la pena perder el tiempo en ello), todo se manipula, y todo termina por aplastar al cauto.
En política, en economía, en cultura, en las relaciones personales, en el convencimiento de ser verdad lo que decimos, en no pararse a meditar sobre lo dicho por los demás si se les odia (el odio siempre es irracional, y a la inversa que el burro del cuento es capaz de autolimitarse la dosis de pienso si cree hace daño al enemigo con su dieta), en proclamar mil amistades, en ver el hollín en la mano ajena y no la mierda en la propia, encontramos tal cantidad de ejemplos que abrumados buscamos refugio en el silencio, en la incomunicación que todavía nos «comunica» con la parte cuerda de nuestro cerebro.
Y si tenemos la suerte de llegar a ella –cosa harto difícil por todo el trajín exterior- no podemos evitar la pregunta eterna: ¿por qué?; a sabiendas que la respuesta, si la hay, llegará filtrada, coloreada, ideologizada, revestida de cientos de teorías que no aclaran nada pese a proclamarse salvadoras del universo.
Y mientras esperamos el maná, el faro que guíe la desencuadernada nave a la seguridad ficticia del puerto más próximo, los acontecimientos se precipitan, se convierten en avenida imparable, en confusión, en falta de ideas, en aterradora tormenta de basura, que se suma a la ya existente y deja los campos cubiertos de basura – basura: la que nos echan y la que nos quieren echar.