La JMJ ha salido «a pedir de boca»

El Papa ya descansa en Castel Gandolfo después de los cuatro intensos días vividos en Madrid con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Benedicto XVI, a quien se ha visto en todo momento sonriente, fresco y espontáneo, ha vuelto de esta fiesta de fe «encantado», convencido de que «todo ha salido a pedir de boca» y «orgulloso» de que los jóvenes católicos hayan mostrado al mundo su pujanza, ilusión e intachable comportamiento.

Benedicto XVI despide a los peregrinos tras la misa más multitudinaria
Benedicto XVI despide a los peregrinos tras la misa más multitudinaria

«Ha sido una JMJ inolvidable, excelente, en la que todos hemos vivido grandes momentos. La vigilia de oración, la misa de envío del domingo y el encuentro con los profesores universitarios serán difíciles de olvidar», señala uno de los miembros del séquito papal que ha estado durante estos días siempre al lado del Pontífice.

Pese a la apretada agenda de actos, tal vez algo excesiva para una persona de 84 años, el obispo de Roma se ha sentido «muy a gusto» en Madrid y vuelve al Vaticano convencido de que el rampante olvido de Dios de la sociedad española y occidental no es un proceso irreversible.
En opinión de la misma fuente, el discurso de Benedicto XVI ante los docentes es uno de los grandes textos de su Magisterio relativos a la cultura, de la misma altura a las alocuciones en Ratisbona y en el Colegio de los Bernardinos en París. «El marco era conmovedor. En la basílica de El Escorial el diálogo entre la fe y la ciencia se hace realidad con todo el complejo del monasterio. Está la biblioteca, la iglesia, los frescos... El Papa estaba encantado, dio lo mejor de sí con los profesores universitarios. A ellos les brindó una clave indispensable en la relación entre la religión y el mundo de la cultura, el amor».

El propio cardenal arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco Varela, reveló ayer que el Santo Padre «se emoció durante muchas veces hasta casi llorar», durante el transcurso de la JMJ, especialmente «con la representación teatral del Via Crucis», a la que, en principio, el Pontífice no iba a asistir: «Al saber que se había adoptado la fórmula de orar con la tradición de las estaciones a partir de los pasos de la Semana Santa, con el conjunto de canto y de texto de la oración del Via Crucis, se entusiasmó».

En el Vaticano, por su parte, se considera que la tormenta de la noche de la vigilia que interrumpió la celebración durante un tiempo e impidió al Papa terminar su alocución tuvo efectos más positivos que negativos. «Permitió que todo el mundo viese la espontaneidad y entrega del Santo Padre. Ahí estaba mojándose y sufriendo el viento pese a los paraguas mientras nos decía que cómo se iba a ir si los jóvenes estaban allí». El hecho de que los dos millones de congregados no pudiesen escuchar el discurso que Benedicto XVI había preparado es considerado un mal menor, pues la parte más importante de la ceremonia, la adoración, pudo llevarse a cabo. «El Pontífice sabía que los jóvenes podrían leer después el texto en los medios de comunicación», apunta el miembro de su séquito.

La Santa Sede ha quedado encantada de que no se hayan producido apenas incidentes de consideración pese a los dos millones de personas que han participado en la JMJ. «No ha habido ni un problema. Los jóvenes católicos han demostrado cómo son», afirma la fuente con orgullo. Parte del mérito lo tienen también los organizadores del evento y las autoridades españolas, con los que Benedicto XVI ha quedado «profundamente agradecido».

En italiano

En la Santa Sede se destaca el hecho de que los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía se hayan visto en tres ocasiones con el Pontífice: a su llegada y partida de Madrid y en el encuentro que tuvo lugar el viernes en el Palacio de la Zarzuela. Además, los Príncipes de Asturias también se han volcado con la JMJ. «El Papa se ha sentido muy bien acogido». El Rey, como muestra de deferencia a Benedicto XVI, ha utilizado la lengua italiana en sus conversaciones con él.

La única pequeña sombra del viaje para el Vaticano ha sido la inclusión por parte del Gobierno de algunos argumentos en las conversaciones. Se piensa que no era el momento de hablar del Valle de los Caídos ni de ETA. No obstante, el Papa valora mucho todos los esfuerzos que el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero ha realizado para que la JMJ haya sido un gran éxito.