Blanco y negro negrísimo por Lucas HAURIE

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Sería una fantástica excusa para recuperar el viejo lema publicitario de Fraga. «España es diferente» porque a los pocos meses de entronizar Hollywood una película muda y en blanco y negro, «The Artist», la academia española intenta introducir en la ceremonia de los Oscar a otra película muda y en blanco y negro, «Blancanieves». No pasaría de ser un chiste malo si, por el camino, no se hubiesen cepillado a una joya de la industria andaluza, «Grupo 7». Rafael Cobos, guionista de la película de Alberto Rodríguez que se dejaba llamar Falete antes de que este diminutivo adquiriese las connotaciones que todos sabemos, lamentaba anteanoche la miopía de los popes del cine español. Tal vez les parecía poco una historia realista, una trama vibrante, una interpretación medida y dos horas de emoción. Envían una cinta a la moda… de hace un año para competir allí donde se valora lo novísimo pero se abomina del plagio e incluso de la inspiración descarada. ¿Hay cosa más evidente que esta fiebre por lo retro que desataba el filme de Michel Hazanavicius? En lo cultural, seguimos siendo una colonia francesa y acabaremos condenando al tipismo a quien pretenda desarrollar una carrera sin emigrar a Madrid. A «Grupo 7» le faltaron tres flamencas de navaja en la liga y unas cuantas escenas taurinas para cautivar a la crítica nacional. El único delincuente andaluz creíble en la ficción es un bandolero con trabuco que por la noche se arranca por soleares en la cueva.