Zoido reclama el «voto prestado» a los socialistas descontentos

«Modifiquen la Ley Electoral», respondió el aspirante del PSOE ante el reto de que «gobierne la lista más votada».

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SEVILLA- «No hay ningún riesgo, todos podemos conseguir ese cambio tranquilo». Casi como un mantra repetía Juan Ignacio Zoido ese concepto, el de la transición de los doce años de Alfredo Sánchez Monteseirín –ocho de ellos «atado» a IU– al «alcalde del empleo» –como se autocalificó–para pedir «su voto prestado» a los socialistas desencantados con esa gestión. Enfrente, su principal oponente, Juan Espadas, reclamaba lo propio al 40% de indecisos que baraja su partido que debe movilizar para que la balanza acabe cayendo de su lado.

En el primer día de campaña, los candidatos de PP y PSOE a la Alcaldía protagonizaron un «cara a cara» en Radio Sevilla en el que se habló del pasado, más que el futuro. Espadas hizo plenamente suya, ya sin ambages, la herencia del Gobierno local e incluso instó a Zoido a «reconocer que se han hecho cosas bien». El popular aprovechó tal entrega para seguir apelando a la necesidad de la renovación: «Que se cambie una cara no significa que cambien las formas», le insistió. Los guiños constantes a IU, alabando esa gestión conjunta con el PSOE, se contradecían con sus intentos por presentarse como una opción distinta. «No tenga la menor duda de que la economía de esta ciudad la va a llevar un socialista», le espetó a Zoido. «Eso no se lo cree nadie, porque si no lo hace el PP, lo hará IU», respondió el aspirante popular, que previamente le había retado a dejar «claro que va a gobernar la lista más votada». «Lo más fácil es que presenten una propuesta para cambiar la Ley Electoral», fue lo único que acertó a decir Espadas, sabedor de que IU prácticamente determinará su protagonismo tras los comicios.

En los sesenta minutos de debate se escucharon también propuestas y hasta hubo hueco para un compromiso de nuevo cuño: «El 24 de mayo tendrán un alcalde que exija que se abonen los mil euros que se entregaron de reserva» para el plan de aparcamientos. Entre las primeras, el paro se erigió como protagonista. Zoido expresó su deseo de ser recordado como «el alcalde del empleo»; Espadas apeló a su estrategia metropolitana para crear oportunidades frente a la política popular para salir de la crisis: «Ustedes quieren hacerlo vendiendo empresas públicas y recurriendo a desarrollos urbanísticos especulativos». Un punto de apoyo que Zoido utilizó para «colar» por segunda vez –ninguno de los intentos cuajó– el «caso Mercasevilla». «¿Se refería a la recalificación de los terrenos del mercado y su posterior venta? A mí eso me da vergüenza». Suelo pantanoso que Espadas no pisó ni de puntillas.

Para «su» público, el PP recurrió a la fórmula del éxito de su única alcaldesa, Soledad Becerril, exponiendo un modelo de ciudad «que pasa por que funcionen todos los servicios públicos, que la Policía esté en su sitio y que las calles estén limpias». El metro, la biblioteca del Prado, Tussam o la peatonalización aunaron reproches mutuos y promesas muy similares. Sin control de los usos de la palabra, el alcaldable socialista llegó a perder la compostura: «Está usted hablando mucho más que yo en esta entrevista». Y su oponente, pausado, como queriendo convencer de la verdad de ese «cambio tranquilo».

La petición de voto final dejó dos mensajes muy distintos. «Votar al PP es traer el Gobierno (José María) Aznar a Sevilla», deslizó Espadas antes de anunciar que «quiero acabar con la crispación». El PP reclamó «la confianza de todos los sevillanos para recuperar la ilusión» y un último reto al PSOE: «A ver si encuentra usted una descalificación mía hacia usted y, sin embargo, no puede decir lo contrario». El primer gran asalto se decidió a los puntos.