Pequeña Inglaterra

La Razón
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La nueva Inglaterra dirigida por Fabio Capello venció a España a la italiana. Ochenta minutos de dominio y gol inglés de Lampard en acción a balón parado. España cambió en el segundo tiempo porque imprimió mayor velocidad y con ello creó las ocasiones de gol que no había conseguido anteriormente. El encuentro acabó con derrota a pesar de que hubo varios momentos en que el empate parecía inevitable. Derrota dulce si se examina lo que ocurrió. Inglaterra ganó, pero fue ninguneada en su casa.

La Selección española tomó posesión del balón y arrinconó al contrario en su campo con nueve hombres defendiendo. Los españoles mandaron y marcaron el ritmo. Se hartaron del toque, de la búsqueda de la penetración por el centro, donde los centrales ingleses defendieron admirablemente. Hubo empacho de dominio, de ronditos, de paredes, de intentos para la jugada final, pero no se marcó un gol ni se crearon auténticas ocasiones para lograrlo.

El equipo no malbarató su estilo. Nadie pudo poner en duda de quién mandaba en el campo. Tanto es así que los ingleses, en el mítico Wembley, jugaron a la contra como si se tratara de un equipo pequeño. Fue el conjunto que reconoce la superioridad del contrario y se limita a buscar lo que mejor sabe hacer.

El juego español es brillante y eléctrico cuando se adueña de la pelota y el contrario ni la ve. Al final de tantos minutos sin lograr un gol ni crear auténticas emociones dentro del área, se echa en falta que se dispare desde fuera, que se busque la alternativa que no puede ser otra que un fútbol más vertical. Lo intentó tras el gol inglés, pero fue contrarreloj. Los bolos no nos van.