Teatro

Flamenco y break dance juntos

Cuándo: mañana y el domingo. Dónde: Teatros del Canal. Sala Verde. Cuánto: desde 6 hasta 18 euros. 

Poco espacio queda para la danza en estos tiempos de presupuestos menguados. Lejos quedan ya aquellas programaciones del Festival de Otoño con doce espectáculos: en esta edición tendremos que conformarnos con cuatro. Entre ellos, la nueva pieza de Antonio Ruz, «Ojo». Tras la teatral «No drama», el bailarín, con una trayectoria que incluye el Ballet de Víctor Ullate, la Ópera de Lyon y la Compañía Nacional de Danza, presenta en el certamen madrileño «Ojo», en el que hace una propuesta coreográfica a partir de la experiencia de intérpretes tan dispares como los bailaores Nani Paños y Rafael Estévez, y Manuel Martín, con una amplia experiencia en Bboying (break dance), además de las contemporáneas Lucía Bernardo y Melania Olcina.

Un viaje sensorial
«Hemos creado un lenguaje común gracias a la improvisación. El reto era conseguir la unidad entre el flamenco, el contemporáneo y el break dance. Pero ésta no proviene del movimiento, sino de la emoción, del lenguaje. Creo que aportan una perspectiva muy especial», explica Ruz sobre «Ojo», una obra que explora la visión, el concepto de percepción y la mirada como vía de expresión y motor del movimiento. Sin duda, un tema habitual en la pintura, la literatura y el cine, pero poco frecuente en la danza debido, quizá, a la dificultad a la que se enfrenta esta disciplina para materializar texturas visuales. «Hemos trabajado mucho la atmósfera, las coreografías en grupo, la iluminación, el sonido... Es una pieza muy sensorial, "No drama"era más "performática"». El coreógrafo pretende extraer todo lo abstracto que el concepto de percepción alberga para que la experiencia escénica adquiera un sentido: «Busco la mirada como expresión del movimiento, lo que puede resultar muy ambiguo, así que construí este concepto a partir de una pregunta: ¿qué es lo que quiero que el público sienta? Pensé que quería invitarlos a un viaje sensorial, a buscar una mirada primitiva, como el que comienza a ver», añade el coreógrafo.

 Sin embargo, Ruz quiere desmarcarse de uno de los estigmas que preceden la mayor parte de las creaciones contemporáneas: el de la innovación: «No es el objetivo de esta mezcla de interpretaciones, es algo que me sale de forma natural. Tampoco se trata de un movimiento impuesto; el lenguaje de todos ha enriquecido el conjunto».

Con una carrera activa como bailarín, sobre todo como invitado en la Sasha Waltz &Guests Berlin, compañía para la que también coreografía, combina en esta obra las labores de director, coreógrafo e intérprete: «Siempre me vi fuera de la pieza, pero los bailarines no me dejaron. Era, de algún modo, el enlace entre ellos. Estar en escena me sigue aportando mucho, pero resulta complicado ver y ser visto al mismo tiempo», añade.

 

Mismas obras, pero distintos títulos
Ruz es muy crítico con la situación de la danza contemporánea en nuestro país: «Veo un retraso tremendo. Aquí todavía se hacen preguntas ya superadas, como si un espectáculo tiene mucha danza o no. Además, existen bastantes compañías que llevan años haciendo lo mismo y cambiándole el título. Fuera de España no se oye nada sobre la danza en Madrid, las compañías no tienen proyección internacional», asegura.