La crisis en el campo devuelve a los inmigrantes a la Casa de la Caridad

La agricultura era uno de los sectores en los que se refugiaba el inmigrante en busca de trabajo, pero la situación ha cambiado.

La mano de obra inmigrante ha sido fundamental para el sector agrario
La mano de obra inmigrante ha sido fundamental para el sector agrario

VALENCIA- La necesidad sigue la ruta de la oportunidad, como demuestra el peregrinar, en los últimos años, del inmigrante sin recursos que reside en la Comunitat, que ha ido allá donde se encuentran los medios que le permitan subsistir. Muchos atendieron la llamada del campo. Temporada tras temporada, recogían cítricos, fresa o uva, dejaban por unas semanas su residencia habitual y fallaban a su cita con la Casa de la Caridad, donde hasta entonces acudían a diario en busca de sustento. Pero llegó la crisis y las cosas cambiaron. Este año por primera vez en mucho tiempo, la conocida como «ONG de los valencianos» constata reincorporaciones de inmigrantes que fueron a trabajar en las campañas de Lérida o Zaragoza, pero no encontraron trabajo, con lo que se han visto obligados a regresar. Se trata de grupos de temporeros formados por inmigrantes con permiso de residencia temporal y que ya se han dedicado a estas labores en ocasiones anteriores, con lo que suelen ser los más demandados, por delante de los españoles y de los inmigrantes irregulares.

«Cifras de posguerra»Los datos sobre pobreza que maneja la Casa de la Caridad de Valencia, evidencian el drama. Sólo el año pasado, la entidad incrementó un 143 por ciento sus raciones de comida, hasta alcanzar «cifras de posguerra». En concreto, prestó 340.000 ayudas alimentarias, de las que 144.000 fueron raciones de comida a mediodía en el comedor. En el año 2008, sólo se sirvieron 59.000.Entre los grupos más afectados, el colectivo inmigrante, que recibió el año pasado 108.700 raciones de comida.La situación es aún más grave si se tiene en cuenta que muchas de estas personas son el pilar económico de su hogar, con lo que la Casa de la Caridad atiende a familias enteras. De hecho, la atención a menores se ha multiplicado por cinco y, además, la mayoría de estos menores no están escolarizados, lo que conlleva un peligro de exclusión que la ONG trata de evitar.

Los más golpeadosFueron los primeros en sufrir las consecuencias de la recesión económica y, tras perder su empleo y su permiso de trabajo, muchos de ellos ven peligrar su permiso de residencia. El colectivo inmigrante, el primero y más duramente golpeado por la crisis, se encuentra en riesgo de exclusión social, según se desprende del último Informe de la Pobreza elaborado por la Casa de la Caridad de Valencia. De hecho, los inmigrantes regulares presentan el 23 por ciento de los usuarios del comedor de esta ONG -33.000 atenciones-. Son, en su mayoría, personas jóvenes que no superan los cuarenta años y que llevan años establecidos en nuestro país.