Los jóvenes causan el triple de accidentes que los mayores

Cada año, un centenar de conductores de entre 18 y 25 años se queda en silla de ruedas por un siniestro

El 15% de los jóvenes causa al menos un accidente de tráfico al año
El 15% de los jóvenes causa al menos un accidente de tráfico al año

Ser hombre, tener entre 18 y 25 años y tener un volante entre manos tiene sus riesgos. Lo dice la Fundación Mutua Madrileña que, en un estudio sobre «Siniestralidad vial en el colectivo juvenil y sus consecuencias» ha constatado que al menos uno de cada seis provoca al año un accidente. Eso significa que más de 600 personas mueren al año a causa de accidentes viales causados por jóvenes, y más de cien quedan discapacitadas. Lo alarmante es que los que tienen entre 18 y 25 años provocan hasta un 242% más de accidentes que el resto de conductores. Los siniestros siguen siendo la principal causa de muerte entre los automovilistas de esta edad.

Lo que parece claro es que cuanto más joven es el conductor más riesgo existe de acabar malparado en carretera «por la falta de percepción del riesgo y su menor experiencia, una situación que se agrava en el segundo año de carné, un periodo crítico de siniestralidad», aseguró ayer en la presentación del estudio Lorenzo Cooklin, director de la Fundación Mutua Madrileña. De hecho, los que tienen menos de tres años de experiencia abarcan más del 40 por ciento de los siniestros.

Una vez más el estudio pone de manifiesto que las mujeres somos más prudentes al volante ya que los hombres entre 18 y 25 años provocan un 67 por ciento más de accidentes con heridos que las féminas de la misma edad.


Sentido de la vulnerabilidad
«Aunque la percepción del riesgo en general va siendo mayor a medida que aumenta la edad de la persona, el menor sentido de la vulnerabilidad por parte de hombres podría provocar la adopción de conductas imprudentes y generar un exceso de confianza en su capacidad de respuesta ante las situaciones imprevistas de la circulación», dice el estudio.

Además, revela una realidad sobrecogedora: cada año se registran cerca de 500 nuevos casos de lesionados medulares como consecuencia de accidentes de tráfico y más de un centenar de jóvenes se queda en una silla de ruedas.

Pero no todos son datos negativos. «Ahora los jóvenes provocan menos siniestros que hace diez años y son los varones los que más han mejorado su estadística», añade Cooklin. La tasa de heridos también se ha reducido.

Entre los actuales conductores con edades entre 18 y 25 años hay un 4,75 por ciento menos de carnés de conducir, han descendido los conductores varones en casi un 14 por ciento, mientras que han aumentado las conductoras en un 8,6. El censo de titulares de ciclomotores para este grupo de edad también ha bajado en más de un 63 por ciento.

Y puestos a hablar de comunidades autónomas, País Vasco, Asturias, Cantabria, Galicia, Andalucía y Comunidad Valenciana son las zonas en las que los jóvenes hacen más el loco al volante y causan más accidentes. Los de Castilla-La Mancha, Aragón y Extremadura son los más prudentes. No obstante, la tendencia puede deberse a la climatología menos favorable en el norte y al incremento de la densidad del tráfico en zonas costeras y de vacaciones en época estival.

La Fundación Mutua Madrileña y la Asociación Aesleme presentaron ayer la campaña «Agárrate a la vida» de prevención de la siniestralidad en la Escuela de Ingeniería Técnica de Obras Públicas de la Universidad Politécnica de Madrid. El objetivo es «prevenir e informar al colectivo universitario en España de los riesgos y las consecuencias de los accidentes porque lo de perder la vida en un coche es algo que no pasa por la cabeza de un joven», explicó Mar Cogollos, directora de Aesleme.



Nuria Pérez, víctima de accidente de tráfico
«Los más duro es ver que pierdes libertad en tu vida»
Nuria Pérez tiene 36 años y desde hace seis sufre una tetraplejia por un accidente de tráfico. Iba de copiloto en el coche con su pareja cuando su vehículo sufrió un fuerte impacto. «Estaba mal sentada y no tenía el reposacabezas bien colocado», reconoce. Posiblemente esas circunstancias agravaron las consecuencias del terrible siniestro que la ha dejado en silla de ruedas. El accidente ha marcado un antes y un después en su vida. Antes trabajaba como enfermera; ahora se dedica a impartir charlas para prevenir accidentes y es una activa colaboradora de la asociación de lesionados medulares Aesleme. Ayer explicó su caso a los jóvenes de la Escuela de Ingeniería Técnica de Obras Públicas de la Politécnica de Madrid. Lo que dice no pasa por alto para nadie. «Cuando cuento mi caso algunos jóvenes ni siquiera se atreven a mirarme porque nunca han visto un caso tan cercano», añade. «Explico la importancia de llevar los elementos de seguridad en el coche y cómo se vive en una silla de ruedas. Intentas sobrellevarlo y agarrarte a las cosas que te gustan y no quedarte en casa. Ahora sigo estudiando, pero lo cierto es que el cambio es muy radical. Lo más duro es que pierdes la libertad y dependes de otros para casi todo».