Ejemplaridad castrense

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«Los ejércitos somos como los viejos paraguas, sólo se acuerdan de nosotros cuando empieza a llover. Y cuando empiece a llover esperemos que el paraguas esté en condiciones». Son palabras del Jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad), almirante general Fernando García Sánchez, esta misma semana. El aviso de la autoridad castrense describe con exactitud y sin exageraciones el sentimiento y la realidad en el estamento militar. No cabe interpretarlo como una queja, sino como un ejercicio de lealtad de quien tiene una gran responsabilidad frente al país y sus ciudadanos. Las Fuerzas Armadas son conscientes de las circunstancias que atraviesa España. Pero no lo son ahora, sino que su contribución al saneamiento de las arcas públicas viene de lejos. El esfuerzo presupuestario del estamento castrense puede que sea superior o al menos equiparable al del colectivo más sacrificado. Los datos son concluyentes. Desde 2008 el presupuesto dedicado a Defensa ha descendido un 25% y entre ese año y 2011, por ejemplo, el montante bajó en más de 1.500 millones de euros. En términos de PIB, las partidas del Ministerio llegan al 0,59%, lo que nos coloca al nivel de Luxemburgo en parámetros porcentuales. Evidentemente hablamos de un dato muy bajo para un país que se encuentra entre los principales contribuyentes de la Alianza Atlántica. El respeto, la obediencia y el sacrificio del que han hecho gala los militares en tiempos tan exigentes han resultado ejemplares. Con muchos menos medios los profesionales de las Fuerzas Armadas han sido capaces de cumplir con sus misiones con profesionalidad, esfuerzo y dedicación. Han sido encomiables en la lucha contra la crisis también por su grado de implicación interna con el ahorro y la estrechez. Han interiorizado tanto la carestía que se han aplicado a ella en las dependencias e instituciones castrenses como lo hacen en el resto de sus compromisos. Pero conviene tener muy presente que existe una delgada línea roja que un país como España no puede traspasar en cuanto a sus Fuerzas Armadas y el mantenimiento de la seguridad nacional y las obligaciones internacionales. LA RAZÓN adelanta hoy en exclusiva que el Ejército sólo dispone del 30% de sus vehículos en plena operatividad y que se han reducido drásticamente las horas que antes se dedicaban en los ejércitos y en la Armada a la práctica real por las serias limitaciones para adquirir el combustible necesario. Estamos ante una encrucijada muy compleja, en la que es preciso no equivocarse. Los necesarios ajustes no pueden conducir a las Fuerzas Armadas a un callejón sin salida y el ministro Pedro Morenés, creemos, es consciente de ello. Los militares han sido un referente excepcional de disciplina y compromiso, pero la Constitución les encomienda unos deberes que tienen que ser capaces de cumplir al servicio del interés general.