El refulgente brillo de lo extraño

- Alicante. 9ª de la Feria de Hogueras, se lidiaron cuatro toros de la ganadería de Puerto de San Lorenzo, uno, 3º, de Los Chospes, y otro, 4º, de La Ventana de El Puerto. Un cuarto de entrada. - Jesulín de Ubrique, de azul pavo y oro, dos metisaca, un descabello, aviso (silencio); bajonazo atravesado, entera, aviso (ovación).- El Cordobés, de blanco y oro, entera (oreja); entera, aviso (oreja con petición de segunda).- Rubén Pinar, de berenjena y oro, no entra a matar por muerte súbita del toro (palmas); pinchazo, entera (dos orejas).

El Cordobés se estira al natural en imagen de archivo
El Cordobés se estira al natural en imagen de archivo

En el mundo de los toros, o más bien, en el mundo de las ferias taurinas, parece ya casi obligatoria la inclusión –al igual que sucede con las corridas de rejones y la olvidada moda de los toreros banderilleros– de un festejo con diestros mediáticos, de los que son más conocidos por su presencia en los programas de cotilleo y en revistas de chismes o sociedad. Fórmula, no obstante, que se antoja agotada, dado el poco tirón de público que provocan últimamente. Como ayer se comprobó en el penúltimo festejo de Hogueras. Una corrida en la que, por muy cómodos que fueran los toros, los toreros denominados mediáticos no levantaron precisamente pasiones. Jesulín de Ubrique, con un primer astado mansón y manejable, no se terminó de confiar, siempre al amparo de las tablas y muleteando sin gracia alguna. Algo más dispuesto y animoso estuvo con el cuarto, que se rompió el pitón izquierdo al rematar contra las tablas. Otra vez sobre el tercio, sacó muletazos más largos y limpios en un trasteo efectista y sin gran compromiso, yéndose de nuevo la mano muy abajo a la hora de matar.Por su parte, El Cordobés se enfrentó a un primer toro sin apenas pitones, del que desaprovechó su bondad, toreando con rapidez y tirones, en un trasteo planteado directamente de cara a la galería. Con su segundo, que no podía ni con el rabo, llevó a cabo una actuación en la que buscó más la ortodoxia ligando los muletazos, ahora más largos, y toreando con más reposo antes de zambullirse en el inevitable tremendismo. Tuvo más seriedad el toro de Los Chospes que hizo tercero. Un astado desconcertante que cambió tras banderillas y sacó mucho genio y una embestida descompuesta, yendo siempre al bulto, sin permitir dar al albaceteño Rubén Pinar ni un solo muletazo, ya que murió de repente. El manchego se pudo resarcir en el que cerró plaza, con el que se lució al veroniquear y en el galleo con que le llevó al caballo. Cumplió luego una faena encendida, vibrante y en muchas fases profunda a un astado de embestir incansable y que no tuvo un mal gesto, demostrando una muy poderosa muleta y una cabeza despejada. Tan bien, que no pintaba nada en la combinación de una fórmula caducada.