Témpanos de música en Oslo

Supongamos que tenemos que elegir una imagen como emblema de una ciudad; imaginemos, por unos instantes, que debemos seleccionar una silueta que nos transporte mentalmente, como por arte de magia, a una capital, incluso a un determinado país

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Existen, como es sabido, una serie de instantáneas que se repiten en el imaginario general de todos. Es el caso de la torre Eiffel con París, del Big Ben con Londres, de la basílica de la Sagrada Familia con Barcelona, de la puerta de Brandeburgo con Berlín o del Coliseo con Roma, por poner algunos ejemplos. Incluso determinados monumentos, edificios o ruinas también los asociamos a nivel general con algunos países, más allá de la localidad o del municipio donde se sitúan. No es difícil relacionar la Gran Muralla con China, Petra con Jordania o las pirámides con Egipto.

Esta iconografía no es un apartado estanco, ya que poco a poco las nuevas construcciones modifican la fisonomía de numerosas localidades y, en ocasiones, surgen en ellas nuevas señas de identidad. Éste es el caso de Oslo, donde "ha brotado"un nuevo distintivo de la ciudad en el 2008. Me refiero a su impresionante Ópera. Puede afirmarse que compite, a día de hoy, con el conocidísimo y visitado parque de Vigelan, actualmente el mayor reclamo turístico de la capital noruega.

Un gran témpano de hielo, construido a base de hormigón, parece emerger de las aguas del fiordo de Oslo para quedarse para siempre. Ese innovador proyecto arquitectónico ha convertido a la Ópera en un hito que sobrepasa, con creces, las fronteras del país, habiendo obtenido galardones y reconocimientos en numerosos países.

Y no es para menos, porque la idea de hacer posible que un témpano de hielo saliera del mar era, de por sí, complicada. Sin embargo, cuando el viajero está frente a esta magnífica obra de arte comprende la belleza y el acierto al traducir esa imagen inicial que propuso el estudio de arquitectura en una realidad tangible.

Es, sin lugar a dudas, el mayor escenario de Noruega. Su original, vanguardista y atrevido diseño no deja en el olvido la principal función de este edificio: albergar las mayores representaciones teatrales y musicales del país. Una construcción que permite una gran versatilidad: ópera, danza, teatro, conciertos de música clásica, rock, etc. Y lo más importante, con un excepcional nivel de aceptación de la población local que abarrota todas sus localidades. En su web oficial (www.oslooperahouse.com) existe una completa información sobre programación, precios, reservas, etc.

Su color blanco en el exterior se debe al revestimiento de mármol y cristal. Dos materiales que desde la distancia, y no tan lejos, hacen que el visitante tenga sensaciones parecidas a las de un inmenso témpano de hielo.

Si desde fuera es impactante, el interior no le va a la zaga. Simplemente algunos datos: el auditorio principal supera los 1.300 espectadores de capacidad y uno de los escenarios se encuentra bajo la superficie del mar.

Resulta particularmente curiosa la posibilidad, inédita para mí, de poder pasear por el techo de la Ópera. Ha resultado tan popular que este recorrido se ha convertido en usual entre los habitantes de la capital.

En todo caso, las imágenes valen más que mil palabras y valgan estas fotografías para ilustrar cuanto escribo.