Excesivo sentimentalismo

«LA SONRISA ETRUSCA»Adaptación: J. P. Heras, apartir de la novela de J. L. Sampedro. Dir.: J. C. Plaza. Reparto: H. Alterio, J. Serrano, N. Castro, I. Frías, C. Arranz, O. Rodríguez... Teatro Bellas Artes. Madrid, 15-III-2011.

En la fidelidad reside la virtud y el pecado de «La sonrisa etrusca», un montaje amable dirigido por José Carlos Plaza basado en la hermosa novela de José Luis Sampedro escrita en 1985. Ha llovido, pero el texto sigue fresco y el nonagenario autor lúcido, como demostró en el estreno. La bella prosa y la hábil mezcla de ternura y virilidad de sus páginas no ha caducado: el calabrés Bruno, viejo partisano que se alimenta de rencores antiguos mientras lucha contra un cáncer, es llevado a Milán por su hijo y la esposa de éste, dos insufribles urbanitas.

En este entorno hostil para el agreste anciano encontrará el amor en la calidez de Hortensia y descubrirá sentimientos paternos nunca experimentados con su nieto, Brunetino. Todo esto está en la novela y en la obra. Pero el teatro ha de aportar diferencias, no narrar. Por largos momentos, la voz de fondo grabada de Héctor Alterio sustituye al propio Alterio –correcto por lo demás, como Julieta Serrano, dos veteranos protagonistas más que sólidos–, invitando a la duda de hasta dónde llega la poco acertada elección dramatúrgica y dónde empieza el truco. Como Plaza es director bragado, es difícil justificar esto, o la excesiva carga de sentimentalismo –la novela es por momentos más cruda– y la poco acertada elección de algunos actores del reparto.