Herrera generoso caudal

XVII Ciclo de LiedObras de Albéniz, Toldrá, Granados, Pauline Viardot-García, Milhaud, Montsalvatge, espirituales. Mezzo: Nancy Fabiola Herrera, mezzo. Piano: Rubén Fernández-Aguirre. Teatro de la Zarzuela, Madrid. 20-VI-2011.

La Razón
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La imagen de esta cantante canaria nacida en Venezuela en 1968 es muy atractiva: morena, sonriente, con un aire a lo María Félix. Cae bien. Claro que cae mejor cuando abre la boca y empieza a emitir sonidos esmaltados, adecuadamente articulados y modulados. El timbre, de mezzosoprano lírica, es cálido, redondo, de buena pasta, dotado de vibración y de densidad, y el volumen es más que suficiente. La dicción, no siempre nítida, es elegante, como el porte y la actitud. Aunque a veces la zona grave se resiente de un cierto engolamiento y el agudo, de ostensible vibrato, no suele ser fácil.

Frasea con mucha propiedad Herrera, con convicción, con dominio de las tablas; con seguridad y aplomo. En numerosos momentos del recital cantó con exquisitas medias voces y «sfumature», así en las célebres «Cinco canciones negras» de Montsalvatge –a las que unió, como bis, la sexta, no editada en su día, «Nana»–, que dijo con detallada matización, quizá en exceso alquitaradas e impostadas, con exposición poco natural, como queriendo hacer de ellas una pequeña representación. Una táctica aplicada durante todo el concierto y que no siempre nos convenció.

Por ejemplo, las tres «Majas» de Granados, cantadas con aparente hondura, nos parecieron algo relamidas, volcadas hacia el exterior cuando son piezas de rara intimidad, de concentrado lirismo. Las tres «Chanssons de négresse» de Milhaud y tres espirituales, que ocupaban, junto con las páginas de Montsalvatge, una segunda mitad curiosamente dedicada a la negritud, tuvieron buena traducción con las salvedades apuntadas. En el cierre, pudimos apreciar en su dimensión el generoso caudal de la primera octava de Herrera, que, ante el éxito, regaló también la «Habanera» de «Carmen», escenificada con todas las consecuencias. Tuvo la impecable colaboración del fino, atento y servicial piano de Fernández-Aguirre.