El segundo revés para Merkel

La dimisión del presidente federal, Christian Wulff, representa un contratiempo para la canciller, Angela Merkel, que ha visto cómo en menos de dos años ha perdido a dos jefes de Estado y aliados políticos. Sin embargo, a diferencia de lo que sucedía en mayo de 2010, cuando renunció el presidente Horst Kohler, la canciller alemana goza de una alta popularidad gracias a su papel en la crisis del euro y a la boyante situación económica del país.
El sondeo de intención de voto que cada semana elabora el instituto Forsa concede a los democristianos y a sus hermanos bávaros (CDU/CSU) un 38%, frente al 26% del Partido Socialdemócrata (SPD) y el 13% de Los Verdes, que han perdido considerable terreno en los últimos meses. En cambio, los liberales, que gobiernan en coalición con Merkel desde 2009, continúan bajo mínimos, con apenas el 2%. Es decir, que si ahora se adelantaran las elecciones, previstas para septiembre de 2013, el bloque conservador superaría en apenas un punto a una coalición «rojiverde» (40% frente a 39%).
Tras la humillación sufrida en la elección presidencial de Wulff en junio de 2010, cuando el candidato de Merkel necesitó tres votaciones para imponerse, la canciller parece haber aprendido de sus errores y tendió ayer la mano a la oposición socialdemócrata y verde para encontrar un candidato de consenso. Precisamente, el nombre que suena más en las últimas horas es el del pastor protestante y ex disidente de la RDA Joachim Gauck, el aspirante que respaldó la izquierda hace dos años.
En las quinielas periodísticas también se apunta a que el sucesor de Wulff podría ser otro representante de la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Concretamente, se señalan al ministro de Finanzas, el poderoso Wolfgang Schaeuble, y al presidente del Bundestag (Cámara Baja), el histórico Norbert Lammert. Sin embargo, pocos creen que Schaeuble quiera abandonar su cargo precisamente ahora, cuando la moneda única atraviesa la peor crisis de su historia. Tras conocerse la dimisión del jefe de Estado, el diario «Süddeutsche Zeitung» se preguntaba si Alemania se enfrenta a una crisis de Estado tras dos renuncias en menos de dos años y advertía: «El puesto, más allá de los partidos políticos, puede quedar desprestigiada. Angela Merkel, su coalición y el Gobierno deben ocuparse ahora de buscar a un nuevo presidente que haga honor a su país».
Y es que en Alemania, el presidente federal, que sólo desempeña un papel representativo y protocolario, no sólo ha de ser honrado, sino parecerlo.